«Voy a quemar el Skype del teléfono»

La investigación del crimen del cura de Vilanova constata que los sospechosos usaban vías alternativas para no hablar por móvil y se esforzaron en borrar fotos


ourense / la voz

Tres años después de la muerte del cura de Vilanova, violenta y «causada con gran virulencia», como la jueza de instrucción indicaba en uno de sus escritos de petición de ayuda internacional, el trabajo de investigación lleva camino del archivo. Provisional, subrayan siempre medios judiciales y policiales, pero archivo, a fin de cuentas, a la espera de que un dato aislado e inesperado pueda arrojar luz sobre este crimen. Los indicios apuntaban a dos ciudadanos croatas y estos fueron detenidos a finales de enero del 2016. Los sospechosos, bien orientados, callaron. Pruebas, lo que se dice pruebas, no había, por lo que el fiscal ni se planteó pedir la prisión preventiva. La Guardia Civil no dejó de trabajar en el caso, pero nada se pudo avanzar. Se centraron los esfuerzos en la búsqueda de rastros en redes sociales y, al final, resultó que esa vía no dio los resultados esperados. Ni en Luxemburgo, ni en Irlanda, ni en Estados Unidos, singularmente en California, consiguió el Juzgado de Celanova la información a la que quería llegar. De nada sirvieron las peticiones de ayuda.

Cuando la jueza de Celanova llamaba a instancias alejadas de Ourense, para ampliar su base de información, dejaba claras sus sospechas, de forma particular sobre uno de los investigados. En un escrito de mayo del 2017 hacía notar que uno de los investigados «trata de ocultar sus conversaciones, sirviéndose de medios como Skype o Whatssapp al creer intervenidos sus teléfonos móviles, pidiendo al resto de familiares que eviten usar los suyos». Detalla la jueza incluso cómo uno de los investigados, al contactar con una persona de su círculo más próximo al conocer su citación por la Guardia Civil, le pide una llamada urgente, pero que la haga desde una cabina. Parece, dice la instructora, que quería preservar su conversación de un posible control policial.

Pinchazos y micrófonos

Que los sospechosos tuvieron los teléfonos pinchados se supo con el levantamiento del secreto de sumario. Como que incluso le colocaron micrófonos en los coches. Ya en mayo del 2017 se sabía que sus formas iban más allá de la simple llamada telefónica. Las conversaciones a través de Skype o Whattsapp fueron borradas por el investigado antes de su detención. El pinchado dejó claro que había borrado las fotos de su teléfono móvil. En un momento llegó a decir que «iba a quemar el Skype del teléfono».

La línea de investigación no dio fruto. Como la instructora constató en su auto de enero pasado, las comisiones rogatorias al extranjero no dieron resultado, o porque no se han obtenidos datos o porque ni siquiera hubo respuesta favorable a la demanda. En uno de los documentos incorporados a la causa, enviado en abril del 2017 en respuesta a la petición de acceso a la cuenta de correo de un sospechoso, se advertía que la norma legal americana exige que se demuestre que hay «hechos razonablemente confiables, no presumidos» y que en el correo pueda haber alguna prueba. Si solo hay «una suposición de que se podría encontrar algo relevante, en ese caso no vamos a poder ejecutar esa solicitud», decía el escrito enviado a Celanova a través de la Dirección General de Cooperación Jurídica Internacional, Consejería de Justicia de Washington.

Así las cosas, tras dos años perdidos en pos de algún rastro en las comunicaciones electrónicas y redes sociales, la ausencia de nuevos datos desde que se produjo la detención de los dos sospechosos, en libertad desde el 17 de enero del 2016, arrastró el caso a un punto muerto. La decisión de archivar corresponde a la Audiencia Provincial de Ourense, una vez que haya escuchado a las partes. El camino que tome la familia del sacerdote fallecido puede ser, en este punto, determinante. Al parecer, no está decidido. Su posición condiciona a los demás. Será la primera. Y es, presumiblemente, la única que podría pedir que el sumario siguiera abierto, aunque esté varado. La fiscalía, que en su día no pidió ingreso en prisión de los sospechosos, probablemente acepte el archivo provisional. Que la defensa interese el sobreseimiento es, por otra parte, lo razonable y previsible.

Los dos últimos años se perdieron en trámites sin frutos entre Luxemburgo, Irlanda y EE. UU.

El sacerdote no quería recibir al sospechoso el día anterior al que se produjo la muerte

Desde el primer momento tuvo claro la Guardia Civil que el autor de la muerte del cura era una persona que lo conocía. El principal sospechoso pedía ayuda de forma reiterada al sacerdote, hombre siempre dispuesto a ayudar. El investigado estuvo con él el día 6 y el anterior al crimen. El sacerdote, según un testigo, no quería recibirlo. Otro vecino sitúa un Golf en las inmediaciones de la casa rectoral en las horas en las que se mataron al religioso, cuyo cadáver apareció en un galpón, tras coger unas patatas. Pero ni está demostrado que ese coche fuera el del investigado, ni se le sitúa allí. La versión de lo ocurrido en la franja horaria más comprometida, entre la medianoche del 9 al 10 de marzo del 2015 y las cinco de la madrugada, es contradictoria. La familia ofreció coartadas que resultaron ser falsas. Se desdijeron de las primeras versiones, además. El teléfono móvil utilizado por el sospechoso, que abandonó Ourense «a la mañana siguiente al homicidio de forma precipitada», como constató la investigación, estuvo apagado durante las horas en las que se consumó el crimen. Pero no hay datos que lo sitúen en Vilanova en las horas del asesinato.

Misa de aniversario

La iglesia de Vilanova acogerá a mediodía de hoy, por otra parte, una misa de aniversario en memoria del fallecido Adolfo Enríquez, a quien sus feligreses recuerdan con el cariño que el sacerdote se ganó por una generosidad que acabó con su vida.

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