LOS MÁS PEQUEÑOS

La Voz

CELANOVA

SOFÍA DE BENITO LA OPINIÓN

19 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Aunque la mayoría de los ciudadanos de a pie nos perdemos en los trámites burocráticos y optamos por ceder nuestros derechos, el tesón de la sociedad acaba imponiéndose en algunas ocasiones. La noticia de la reapertura de matrícula en la colegiata del Sar es una buena noticia. Una buena noticia que surge de la presión social, de la unión de fuerzas entre distintos colectivos, y de la voluntad que han puesto esta vez la Consellería de Educación, el Concello y el Arzobispado de Santiago. A este último no podría ocurrírsele un destino mejor para su patrimonio que el de educar a los niños en él. Numerosos monasterios como los de Celanova o Montederramo albergan ya a colegios e institutos. Visitando el primero de ellos, aseguraba la guía del edificio la importancia de reutilizar espacios históricos «porque hasta qué punto vamos a destinar dinero a la simple conservación». Está claro que es necesario establecer prioridades. Los estudiantes de Sar tienen seis años para seguir aprendiendo en su barrio, y de paso empezarán a interesarse por el arte, en el marco que les rodea. El diálogo debería llegar también a otras necesidades educativas. Los problemas no debieran solucionarse por el simple hecho de llegar a la prensa. Los alumnos no deberían estar una semana sin clase. Los teléfonos deberían funcionar bien en todas las escuelas. Los estudiantes no deberían caminar kilómetros para asistir al cole. Las cosas funcionan bien con la sencilla suma de pequeños esfuerzos. Los cambios no se producen de la noche a la mañana. Las buenas intenciones pueden hacerse realidad todos los días. Si a ellos, los más pequeños, no les dedicamos lo mejor, qué ocurrirá con otros colectivos más marginados. Claro que es cierto que los niños nunca se quejan. A nosotros nos toca esta vez quejarnos por ellos. redac.santiago@lavoz.com