Una costumbre milenaria en Galicia que puede pasar a la historia, tanto por los que rechazan esta tradición como por el envejecimiento de la población en el rural
12 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Ayer fue día de matanza en Brués. La mañana no se presentó muy fría, idónea, aseguraron los expertos del lugar, del Concello de Boborás, para afrontar una de las costumbres gallegas más arraigadas durante las últimas semanas de cada año. Y es que como manda la tradición, «a cada cerdo le llega su San Martín» y es precisamente la festividad de dicho santo, cada 11 de noviembre, la que da el pistoletazo de salida a una jornada confraternal entre familiares, amigos y vecinos entorno al sacrificio del animal que, además, autoabastece de comida a la vivienda durante varios meses. Una tradición en peligro por los que la rechazan y el envejecimiento de la población en el rural.
En casa de José Nogueira y de Matilde Moure el día empezó temprano. Aunque hasta las 9.00 no llegaron los hombres encargados de sujetar al cerdo, para facilitar el trabajo al matador, peculiar oficio en riesgo de extinción, los nervios de la larga mañana de sábado que se les presentaba por delante les hizo levantarse antes. Y ya todos reunidos, José, Pepe, Milucho y Paco comenzó el ritual.
Ahora el sacrificio se hace con pistola, después de prohibirse el uso del cuchillo con el que se va desangrando en un barreño. Matilde fue removiéndola hasta que se enfrió, para evitar que se cuajase y utilizarla después en la elaboración de las filloas, postre típico de la comida de matanza que lleva también huevos, leche y unas gotas de aguardiente. Si hay humor, un poco de papel o un trozo de gasa se deja caer en una de ellas para gastar una broma al comensal de turno al que le toque la sorpresa.
Una vez sangrado llegó el turno de los fentos secos con los que se chamuscó para limpiarle la piel, mientras las mujeres, Matilde y Chichita, extremaron las tripas y las lavaron, separando la grasa fina, de la que salen después los chicharrones, y de la que rodea los riñones el unto.
Una vez colgado el cerdo boca abajo, abierto y con dos varas atravesadas para que no se cierre, pastas, licor café y aguardiente, aunque fuese de mañana celebró el trabajo bien hecho que seguirá toda la semana.