PENÚLTIMA | O |
01 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El guirigay político montado en Madrid por la compra-venta de dos diputados socialistas, o nuestros más modestos escándalos de la alcaldesa tránsfuga de Porquería o el efímero alcalde de A Rúa, Avelino el Breve, al que una moción de censura echa a patadas de la alcaldía que usurpó hace quince días aprovechándose torticeramente de un error, demuestran que esta democracia del ladrillo está manejada por tontos y golfos. No debe escapar a esta consideración el caso del ingeniero de la Diputación, cuya maraña de intereses en empresas privadas, en sectores que lindan peligrosamente con actividades sobre las que emite informes y dictámenes en su condición de funcionario, están siendo investigadas por la Fiscalía Anticorrupción. Ya se sabe que la mujer del César, además de ser honrada, debe parecerlo, y da miedo tener que elegir entre tontos, a los que igual les cuelan corruptos en las listas que los invitas a los toros y te queman con el puro, o entre golfos que terminan robándote la cartera. Lo mejor será quedarse con los cerdos, ahora que está de moda el verbo cerdeirar y que tantos piensan que a la política, como al cochino, hay que aprovecharle hasta los andares.