Chocolate argentino con acento de Trives

Ariadna Arias BUENOS AIRES

A POBRA DE TRIVES

Ariadna Arias

Un siglo de historia familiar vinculada al aroma del cacao

04 dic 2019 . Actualizado a las 11:31 h.

Corría 1910 y José Salgado emigraba a Buenos Aires desde Pobra de Trives, en Ourense, con su madre y una tostadora de cacao. Como tantos otros gallegos, iba a labrarse un porvenir en la otra orilla del Atlántico. Y lo consiguió. En la ciudad porteña inauguraría, en 1918, su fábrica de chocolate, cual Willie Wonka gallego. Chocolates Fénix se encuentra en el barrio de Constitución y tiene más de cien años de historia. Solo hace falta abrir la puerta de la entrada para percibir el intenso aroma del cacao que, más de un siglo después, sigue siendo la piedra angular del negocio.

Los descendientes de José Salgado, José Enrique Salgado padre y José Rodrigo Salgado hijo, han continuado con el legado del primer José. «Antes de instalar la fábrica en Argentina, mi bisabuelo tuvo un molino en Galicia», explica José Rodrigo. Su padre muestra unas fotografías. Es un paisaje típicamente gallego: una construcción de piedra del siglo XVII que se encuentra sobre el río Cabalar. En ese molino antiguo, a un par de kilómetros de Trives, su antepasado molió los primeros granos de chocolate.

A día de hoy, Chocolates Fénix sigue siendo un negocio fuerte que vende su cacao al por mayor: cafeterías, restaurantes gourmet o heladerías son sus principales clientes. Su obsesión es conservar la técnica tradicional del tueste de los granos para ofrecer un producto artesanal. Han tenido que atravesar diversas crisis debido a la situación económica que vive Argentina. «Aquí se prende fuego cada poco», comenta José Enrique. A pesar de ello, dice su hijo, «como el ave Fénix, siempre resurgimos». No saben si el nombre de la fábrica se debe a esta leyenda, pero es significativo. «Quizás mi bisabuelo tuvo un tropezón», se arriesga a deducir José Rodrigo.