En directo | La cita gastronómica El campo de la feria echó en falta la afluencia de público de otras ocasiones. Los dueños de los puestos esperaron inutilmente y el pulpo y la carne no entraron al «caldeiro»
27 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«El 27 no es un buen día para celebrar la feria y menos en septiembre, cuando el bolsillo aún se resiente de las vacaciones estivales y de la vuelta al cole»; «mucha gente no sabía que hoy había feria en la capital»; «se nota la falta de organización porque las pulpeiras ya habían avisado que no iban a venir». Estas son algunas de las declaraciones de los vendedores de los puestos ambulantes, que vieron mermado su negocio con la puesta en marcha del tercer día de feria. A estas razones se suma la celebración de dos citas más en la provincia, en A Peroxa y Xinzo de Limia, que aunque más pequeñas reúnen un gran número de visitantes. Sin embargo, algunos feriantes eligieron la capital para montar sus puestos con la idea de hacer un buen día. Así lo explicaba una vendedora de utensilios de cocina: «Normalmente os 27 vou a da Peroxa, pero hoxe pensei que aquí habería máis xente. Menos mal que son de cerca e non perdo tanto». A pesar de las quejas, a primeras horas de la mañana ya se notaba que iba a haber menos movimiento que de costumbre. En los alrededores del parque del Barbaña y de la plaza de Abastos quedaban espacios libres. La falta de puestos ambulantes era el síntoma, pero la enfermedad tardó muy poco en confirmarse. A media mañana la feria ya estaba hecha. El escaso número de visitantes y la falta de compradores obligó a algunos feriantes a recoger su mercancía antes de lo previsto. Una feria sin pulpeiras Pero si el tercer día de feria no cumplió las expectativas de los vendedores, para los taberneros fue un auténtico fracaso. La ausencia de las pulpeiras decepcionó a los pocos que se desplazaron hasta el campo de la feria para disfrutar de la cita gastronómica por excelencia. Al ver que no podían degustar el pulpo se marchaban algo disgustados. Los perjudicados, los taberneros, que sí habían cocido la «carne ó caldeiro» y no tenían clientes a quien servírsela. Quienes también sufrieron las consecuencias de la falta de comensales fueron los vendedores de los dos puestos instalados en el campo de la feria. La única venta que hicieron durante la mañana fue al recaudador de impuestos. «Hasta lle daba pena cobrarnos ó ver o panorama. Estivo mirando e mercounos algo, como se estivera obrigado», comentó la regente de uno de los puestos. Ni las uvas que ofertaban a la entrada atrayeron a los ourensanos que dieron la espalda a una cita a la que nunca fallan. El caso es que más que feria, el estreno del tercer día del evento pareció un ensayo.