María Ramos Salgado: «No basta con conocer un idioma para poder traducir literatura»

Cándida Andaluz Corujo
cándida andaluz OURENSE / LA VOZ

OURENSE

María Ramos Salgado
María Ramos Salgado Miguel Villar

De orígenes ourensanos, trabaja con textos en euskera y en gallego

15 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

María Ramos Salgado (Irún, 1998) es traductora y escritora. Formada en Traducción e Interpretación en Madrid y con estudios en Ginebra, fue Premio Extraordinario de su promoción. Tras instalarse en Ourense, desarrolla su labor como traductora literaria entre el inglés, el francés, el euskera, el gallego y el castellano. Ha traducido a autores como Jane Austen, Emily Brontë, Elizabeth Gaskell, Anjel Lertxundi o Bernardo Atxaga. Recientemente, publicó el libro epistolar Cartas gallegas, una mirada hacia la Galicia interior y participó en la antología Poesía bonita. María Ramos Salgado es especialista en la traducción de obras del euskera al gallego. Solo ella e Isaac Zubín trabajan actualmente en esa combinación de lenguas.

—¿Qué la llevó a instalarse en Galicia?

Me fui al pueblo de mis abuelos, en Allariz, en junio del 2021. Todos los veranos los pasábamos aquí y siempre me preguntaba por qué no nos quedábamos todo el año. En ese momento no tenía ningún trabajo que me atase en Irún y me lancé a ir al pueblo.

—¿Cómo describiría su labor como traductora?

He trabajado bastante para el mercado en gallego. He colaborado con Galaxia, he traducido a Jane Austen y, por encargo de Chus Pato, una serie de poemas de Bernardo Atxaga para la Fundación Rosalía de Castro, entre otras cosas. Todos han sido trabajos muy bonitos.

—¿Por qué hay tan pocos traductores entre euskera y gallego?

—El mercado del libro es bastante complejo. No basta con conocer dos idiomas para poder traducir literatura. Es necesario tener un conocimiento profundo de las lenguas y de los textos con los que se trabaja. Un conocimiento general del idioma no significa que se pueda afrontar la traducción de un libro. Por eso no es el primo que ha estado un mes en Irlanda quien hace una traducción literaria seria.

—¿Cómo funciona el trabajo del traductor editorial?

—El traductor en España es normalmente autónomo. Busca proyectos o es contactado por editoriales. Cada uno trabaja con determinadas combinaciones lingüísticas, lo que llamamos idiomas de origen y de destino. No hay una lista oficial de traductores, como ocurre con los que son jurados, que trabajan en otro ámbito.

—¿Qué importancia tiene una buena traducción?

—Puede hacer que el libro tenga un sabor muy bueno o puede arruinarlo por completo. Es importante que se sepa quién traduce las obras, porque es un sello de calidad. Hay lectores que compran libros por el traductor y no tanto por el autor. La traducción nunca es literal: lo hacemos de sentidos, contextos, no solo palabras.

—¿Qué obras ha traducido recientemente?

Cranford, de Elizabeth Gaskell, y La abadía de Northanger, de Jane Austen, ambas por primera vez al gallego. También he trabajado en poesía, narrativa y algo de ensayo.

—¿En qué proyectos está trabajando actualmente?

—Acabo de cerrar un proyecto con la editorial Comisura, que saldrá en el mes de marzo. También está pendiente la publicación de un poemario que traduje hace un par de años y que se publicará en la editorial Galaxia. Es de la escritora Castillo Suárez, traducido del euskera al gallego.

—¿Cree que se conoce suficientemente el trabajo del traductor?

—No. La traducción es bastante desconocida y queda en segundo plano. Debería haber más transparencia en la cadena del libro para que el público entienda qué está comprando.

—¿Como definiría la esencia de la traducción?

—La traducción no consiste solamente en trasladar palabras, sino sentidos y contextos. Le damos totalmente la vuelta al tapiz, como decía una compañera, y trabajamos con toda la urdimbre y la trama del texto.

— ¿Qué significa para usted trabajar entre lenguas y culturas?

—Me parece importante que los lectores tengan acceso a obras en gallego y en otras lenguas. Es una forma de ampliar el mundo cultural y de permitir que las personas lean en el idioma en el que mejor se desenvuelven.

«Mi trabajo es como el de un chef que te da la receta y la interpretas con unas medidas»

María Ramos Salgado no solo es traductora, sino que se ha animado a escribir. Cartas gallegas fue su primera obra.

—¿Cómo surgió el libro?

—A partir de una amiga, que dirige el sello Vía Postal dentro de la editorial Mr. Griffin. Un día me dijo: «Quiero que me escribas un libro». El objetivo es que las escritoras descubran lugares importantes a través de cartas.

—¿Qué estructura tiene el libro?

— Mantengo la estructura epistolar. Hablo de cómo es vivir en la aldea, de las cosas que me parecen bonitas, presento a la gente y hago reflexiones. Es una mirada hacia la Galicia interior y tiene un doble sentido: como territorio y como experiencia personal.

—¿Cómo combinó la descripción y la reflexión?

—Intenté que las cartas fueran cercanas y amenas, que interesaran tanto a quienes conocen Galicia como a quienes no.

—¿Qué relación encuentra entre traducción y escritura?

—Suelo compararlo con la cocina. Mi trabajo es como el de un chef que te da una receta y tú la interpretas con unas medidas. En la escritura haces tu propio plato. En traducción hay que respetar el original. —¿La ha animado esta experiencia a seguir escribiendo?

—Sí. He participado en una antología titulada Poesía bonita y que se entiende, del sello Maresía de la editorial Pie de Página. También tengo otros proyectos.

—¿Ha trabajado mucho con poesía como traductora?

—He traducido poemas de Bernardo Atxaga para un encuentro poético organizado por la Fundación Rosalía de Castro, he trabajado con Castillo Suárez y con varias escritoras para encuentros de poesía.

—¿Tiene referentes en su trabajo?

—A Gloria Fuertes. Y admiro a Ana Flecha, mi editora, por sus novelas y su forma de escribir.