José Pérez Domínguez: «Sin turismo, la catedral de Ourense hoy estaría cerrada porque no se mantiene»

Fina Ulloa
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José Pérez Domínguez ha sido deán durante doce años
José Pérez Domínguez ha sido deán durante doce años ALEJANDRO CAMBA

Fue deán del cabildo doce años y reconoce que cobrar por visitar el principal templo de la diócesis fue una de las decisiones más difíciles y polémicas tomadas bajo su presidencia

04 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

José Pérez Domínguez (Muíños, 1947) fue un niño del rural y como tal colaboraba en las tareas que habitualmente se encargaban a los menores en cualquier familia de agricultores. Una de las que más disfrutaba era ir con las vacas a los pastos, quizá porque mientras ellas comían él podía sumergirse en una de sus grandes pasiones: leer. «Me abstraía hasta el punto que muchas veces el ganado marchaba y yo ni me enteraba. Tuvimos un burro que daba empujones con el hocico cuando quería regresar», cuenta.

Ese nexo con el rural también le hacía imaginarse, mucho tiempo después, mientras estudiaba en el seminario, ejerciendo de cura de alguna pequeña iglesia. «Me hubiera hecho ilusión, pero nunca ocurrió. Nunca tuve una parroquia y alguna vez sí lo eché de menos», comenta ligeramente pesaroso este sacerdote con fama de hombre pragmático y serio, de la que es plenamente consciente. «Es verdad que tengo carácter. Alguna vez he dado una mala contestación a algún compañero, aunque luego pido perdón», cuenta. En el otro lado de la balanza pone su entrega y meticulosidad en el trabajo. «No me gusta tener tareas pendientes. Si hoy me dices que tengo que dar una conferencia en mayo me pongo mañana a prepararla», cuenta. Y lo cierto es que ha dado unas cuantas en estos 54 años de ejercicio, aunque aún ha dedicado más tiempo a las charlas del aula.

Fue profesor de Teología 40 años y formador del seminario durante 7, pero también ejerció la docencia en el IES Blanco Amor y estuvo tres décadas como profesor en la Universidad Laboral. «Es una tarea en la que siempre me sentí bien. A veces salía enfadado de otras responsabilidades, era llegar a clase y se me pasaba todo» cuenta. Esa trayectoria debió de pesar en su elección como delegado de Enseñanza. También lo fue de vocaciones durante 12 años y casi el doble (22) ejerció como vicario de Pastoral. De esa última faceta guarda algunos de los recuerdos más difíciles. Los vincula a las resoluciones de conflictos que suponían en ocasiones el traslado de compañeros, que tenían que dejar unas parroquias para encargarse de otras. «Siempre hay roces y se crean problemas. Estás preocupado por si el sacerdote se siente molesto por tu decisión. Pasar por esas situaciones complicadas me ayudó a cambiar bastante mi carácter», dice.

Tampoco fue fácil asumir el descontento generado cuando comenzaron a cobrarse las visitas turísticas a la catedral. La decisión se tomó siendo él presidente del cabildo, en el año 2016. «Fue complicado. Tuvimos críticas, pero se acabó entendiendo. Hoy ya la gente viaja mucho y ve que esto se hace en todo el mundo. Sin turismo la catedral de Ourense hoy estaría cerrada, no se mantiene, es imposible», dice.

Habla con pasión del templo que conoció siendo aún un alumno del Seminario Menor de apenas diez años. «Yo recuerdo el altar adosado al retablo mayor, no donde está ahora debajo del cimborrio», cuenta. Entonces no pensaba que llegaría a dedicarle tantas horas de trabajo, primero como canónigo y más tarde como deán. Un cargo que dejará el próximo mes de febrero. Ya no puede ser reelegido porque ha llegado al límite de tiempo fijado en los nuevos estatutos que, por cierto, fueron elaborados por una comisión presidida por él. «Fijamos dos cuatrienios y creo que ya está bien. Que se ponga al frente una persona nueva, más joven, como va a ocurrir ahora con Ángel Feijóo, es bueno y productivo para la catedral. Esa renovación nos mantiene en contacto con la realidad. Aunque uno piense que lo hace bien, siempre hay gente que tiene ideas nuevas y es bueno ponerlas en práctica» argumenta.

Reconoce que esa responsabilidad le ha generado también más de un dolor de cabeza en su empeño por sanear sus muros enfermos por las humedades, arreglar desperfectos y hacerla más confortable para los fieles. La lista de trabajos realizados con él al frente del cabildo van desde la restauración de la puertas Norte, Sur y Oeste, ábsides y tejados, al arreglo del exterior del cimborrio, la recuperación del campanario o la colocación de calefacción y nueva iluminación. «He trabajado mucho pero lo hice siempre contento», comenta.

 

«Dejé el fútbol el día que reconocí que mi cabeza iba mucho más rápida que mis piernas»

A José Pérez Domínguez siempre le gustó el deporte. Aún hoy conserva una forma física envidiable. «Camino entre seis y ocho kilómetros», cuenta. Eso sí, ha dejado de jugar al fútbol. Esa afición, que ya le entusiasmaba en su época de seminarista —«cualquier momento era bueno para saltar al campo, aunque lloviese a chuzos», recuerda— la aparcó hace aproximadamente una década.

Aquél último partido lo disputó en el pabellón de Los Milagros, en Maceda, coincidiendo con una invitación a predicar en la novena del santuario. «Teníamos la costumbre de jugar un partidillo de chicos contra chicas, las que trabajaban allí en las tiendas y los comedores. Ellas se hartaban de reír porque los curas nos caíamos por todas las esquinas y siempre perdíamos por goleada, pero aquel día decidí dejar el fútbol porque reconocí que mi cabeza iba ya mucho más rápido que mis piernas», cuenta.

Quién es

  • El DNI. Nació en el pequeño núcleo de Abelleira, en Muíños en 1947. Graduado en Teología y Espiritualidad en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, fue ordenado sacerdote en 1971 y tuvo su primer destino como docente en el Seminario Mayor de Ourense. Hasta el 2012 compatibilizó la enseñanza en este y otros centros públicos, con otras responsabilidades dentro de la estructura de la Diócesis.
  • Su rincón. Elige la Catedral. La conoció siendo niño, fue canónigo durante 45 años y presidio su cabildo como deán durante 12.