Cuando el aire y la espera maduran un vino único

Alejandro Camba

OURENSE

01 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay tradiciones que no deberían perderse. Como aquella costumbre de las abuelas, que colgaban las uvas en la buhardilla para que el frío y el aire del invierno las secaran lentamente. Meses después, cuando llegaba la Navidad, esas uvas se convertían en un pequeño tesoro: dulces, intensas y perfectas para celebrar la Nochevieja en familia.

El otro día, en la bodega de Valdesil en Valdeorras, recordé aquellos viejos tiempos. Me comentaban que esta vendimia iba ser algo inusual, van a seleccionar los racimos más sanos y los dejan suspendidos en un espacio fresco y ventilado, donde el tiempo actúa como el mejor de los maestros. Durante semanas, las uvas pierden parte de su agua, concentrando azúcares, aromas y matices. Es un proceso lento, casi ritual, en el que la paciencia se convierte en el ingrediente secreto.

El resultado, fruto de un meticuloso proceso, es un vino de edición limitada con un sabor inigualable.