Álvaro Tato: «Carlos Hipólito es un genio que hipnotiza al público con su control de la palabra»
OURENSE
El actor y dramaturgo destaca el papel del actor en la creación del espectáculo «Burro»
08 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Día 9 • 19.00 horas • Teatro Principal • A partir de 15 euros • La compañía Ay Teatro llega este domingo al Principal con su obra «Burro». Sobre el escenario el actor Carlos Hipólito encarna al animal y está acompañado por los músicos Fran García, Iballa Rodríguez y Manuel Lavandera. Los dos primeros también escenifican algunas de las escenas del espectáculo. Dirigida por Yayo Cáceres sobre un texto de Álvaro Tato, el montaje cuenta la historia de un burro que está atado a una estaca y le cuenta su vida a su sombra mientras se acerca un incendio. Comienza entonces un viaje tragicómico, divertido, tierno y poético a la vez que explora los grandes textos clásicos sobre el asno y la intensa relación del animal con el ser humano. Álvaro Tato (Madrid, 1978) se llevó el Premio Teatro de Rojas Mejor Texto de Autor Español del pasado año y es, junto a Yayo Cáceres, uno de los fundadores del grupo Ron Lalá.
—¿Cómo se gestó «Burro»?
—La culpa la tiene Juan Ramón Jiménez. Tanto Yayo como yo somos enamorados de Juan Ramón en general, y de «Platero y yo» en particular. Y la lectura de ese libro nos llevó a intentar desde hace años llevarlo a un escenario. Pero al ser un libro tan lírico, y con una parte tan descriptiva, no sabíamos bien cómo afrontarlo.
—¿Y cuándo cambiaron de opinión?
—Pues la persona que tiene la culpa fue el gran Carlos Hipólito, al que conocimos en una cena junto a la maravillosa Aitana Sánchez Gijón. Nos dimos cuenta de que era un hombre encantador, divertidísimo y genial, y pensamos en hacer algo con él. Se nos juntaron los dos elementos y nos dijimos: ¿Y si afrontamos aquella idea de montar «Platero y yo» y lo convertimos en la historia del burro para hacer una cronología y un viaje por su historia?. Para aquello necesitábamos un genio en escena y la vida nos lo había puesto delante. Fue una concatenación de casualidades con el amor por los animales, y por Platero, como telón de fondo.
—De los materiales empleados se deduce que el animal ha tenido una importante presencia a lo largo de la historia.
—Absolutamente cierto. Fue una de las grandes sorpresas en todas las fases de investigación para crear esta fábula viviente. Prácticamente en todas las grandes etapas de la literatura europea y española nos encontramos con esa figura, con lo que nos dimos cuenta enseguida que representaba al proletariado de los animales. En el burro hemos puesto todos los adjetivos, en él simbolizamos el trabajo, pero también la pereza, la lujuria, la mansedumbre, es símbolo desde el cristianismo al personaje carnavalesco... nos hemos dado cuenta que representa al ser humano, a la parte más trabajadora y más honrada. Pero también a la más gamberra y la más cómica.
—El viaje literario fue amplio.
—Ya te digo. Desde las fábulas de Esopo hasta «Platero y yo», pasando por el Rucio de Sancho Panza o la «Misa del asno» —que es una maravilla— y por el camino hemos hecho grandes descubrimientos, como «La dispusta del asno», de fray Anselmo de Turmeda —un texto maravilloso—. Todo eso nos hizo ver que podíamos contar la historia como un monólogo, con música en directo, con el gran Carlos para dar cuenta que el burro es la representación de nosotros mismos, con nuestros vicios y virtudes.
—¿Contar con el protagonista le da un valor añadido?
—Sí. Para nosotros es un lujo trabajar con un maestro de esta categoría y justifica todos los años que llevamos en la profesión. Cada minuto con él, en el local de ensayo o sobre el escenario, es verdaderamente oro. Carlos Hipólito es la sabiduría, pero también el arte humano. Nosotros le llamamos Carlos Hipnótico por el efecto que producen en los espectadores, que quedan hipnotizados con su voz, con su control de la palabra, con su arte genial en escena. El es persona, antes que artista, y su manera de afrontar nuestro «Burro» ha partido de un enorme trabajo por su parte y una extraordinaria capacidad de entender el alma humana. En sus gestos, en su ternura, a veces en la dureza de ciertas escenas, pero también con un sentido del humor arrollador en ciertas escenas. Tenemos toda la paleta de colores del ser humano en un gran actor que, además, canta de maravilla. El público descubrirá que Carlos Hipólito hace reír, hace llorar y canta.
—¿La música juega un papel especial en este montaje?
—Siempre. El teatro que nosotros practicamos, tanto desde Ron Lalá como en esta otra compañía, es pura música y ritmo y la necesitamos en directo. Por eso tenemos en el escenario tres grandes músicos y actores, como son Fran García, Iballa Rodríguez y Manuel Lavandera.