No hace falta ser un lumbreras para darse cuenta de que urgen cambios en el servicio municipal de transporte urbano. El problema es que desde el año 2015 el contrato con la actual concesionaria está caducado y en esas condiciones es imposible introducir mejoras y, mucho menos, revolucionar el servicio.
Tan fundamental es licitar de nuevo la concesión, que el actual alcalde, Gonzalo Pérez Jácome, fue a la Fiscalía en el año 2018, estando en la oposición, para denunciar que los grandes contratos del Concello estaban caducados y que el gobierno municipal, entonces liderado por el popular Jesús Vázquez, no hacía nada para remediarlo. Sin embargo, todos siguen en precario tras casi cuatro años con él al frente del Ayuntamiento. Nada ha cambiado.
En lugar de centrarse en lo fundamental, que era licitar de nuevo el transporte urbano, el alcalde de Ourense estuvo entretenido todo este tiempo dibujando a rotulador las líneas de bus en un mapa y poniéndoles nombres rimbombantes. Para la historia quedarán creaciones como el 21 Exprés, el Couto Convoy, el Rápido de Rairo, el Seixalbo Shuttle o el Solitario de Ceboliño. Sonaba todo genial (al menos para él), pero finalmente tuvo que asumir que esa revolución del bus urbano no puede aplicarse con un contrato caducado. Reconoció que había que esperar a la nueva licitación, que primero prometió para febrero y, tras incumplir sus propios plazos, ahora dice que será este mes de marzo. Incluso ha tenido que aplazar un leve cambio en la línea 6A para cruzar por el Puente del Milenio. Una gestión top.