Navidades y demás fechas que están por venir para despedir un año y entrar en el siguiente: Fiesta. Suelen ser también días de reencuentros y despedidas. Alguna sonada. Por ejemplo, Joan Manuel Serrat celebró su último concierto el pasado 23 de diciembre, en el Palau Sant Jordi. El tercero seguido con quince mil almas abarrotando el recinto de la montaña de Montjuic. El Noi del Poble Sec —barrio donde creció— le puso así el colofón a una gira de carácter mundial, que bautizó como El vicio de cantar (1965-2022). Y quería que fuera una fiesta, más que un adiós. Como la de esa canción que se me quedó grabada entre las muchas de su prolífico cancionero.
«Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras de mi calle, ayer a oscuras, y hoy sembrada de bombillas», recitaba el catalán universal a ritmo de fanfarria. «Vamos subiendo la cuesta, que arriba mi calle se vistió de fiesta». Era, es y será siempre Serrat. Le quede o no algún espectáculo en el que tomar parte.
Justo el día anterior, cerré mi fiesta particular de la Copa del Rey. Con el Arenteiro subiéndose a las barbas del Atlético de Madrid, con Espiñedo —y terrazas colindantes— hasta los techos. Anda que nos dieron juego. Nada menos que tres Primeras sufriendo en O Carballiño, en poco más de un año. Y el resto de la provincia subiéndose al tren. En Barbadás aún saborean aquella tarde contra el Valladolid y al Ourense CF le debe una el torneo eliminatorio, después de tutear al Leganés y al Alcorcón en los últimos cursos, sin la pizca de fortuna que se mereció. Además, me late que pronto llegará el turno de la UD Ourense. En O Couto volverá la fiesta.