Abominable

María Doallo Freire
María Doallo NO SÉ NADA

OURENSE

16 nov 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

En la universidad me cogí todas las optativas sobre cine. Cuando me enteré de que anualmente se estrenaban unas 5.000 películas me agobié tanto que decidía ver una al día. Sin posibilidad de repetir. Hoy solo me permito revisitar aquellas de las que ya apenas me acuerdo o las que inicialmente me volaron la cabeza. Una de esas fue Stockholm. Me asustó y me cautivó a partes iguales. Cuando la vi, sola en un cine de Madrid, no tenía ni idea de quién era el director. Ni me importaba un pito. Ese fin de semana salimos y un actor que estaba de moda en el momento se quiso ligar a mi prima imitando una de las primeras escenas de la peli. Brutal y patético. No el hecho de montarte la película —quién no ha querido que la persigan por todo un aeropuerto hasta encontrarla para rogarle que no se vaya— sino que te pillen por no saber modificarla ni un poco. Pero bueno, a este actorucho debió de parecerle que Stockholm era una peli secundona que veríamos muy pocos. No fuimos tantos como los que vimos El reino, claro, y aún así mira, nos encontramos. Nueve años después de aquel filme ya tengo clarísimo quién es Sorogoyen y este finde me faltó tiempo para ir corriendo a ver As bestas. No me quedan pielecitas alrededor de los dedos. El corazón se me aceleraba cada vez que Luis Zahera aparecía en pantalla —de Oscar— y esa noche dormí fatal. Pero esta semana voy a repetirla en las salas de Ponte Vella para aplaudir al terminar. Porque consigue mostrar, hilando fino, el horror y el acoso que vivió Martin Verfondern hasta que fue asesinado en Santoalla (Petín de Valdeorras). Una historia abominable. Y todo lo que vino detrás para su mujer Margo Pool, que todavía vive allí. A ella, que rechaza el rencor y la venganza y prefiere vivir en paz, también le gustó As bestas. Quizá sea el arte la mejor forma de hacer justicia.