Ser muy feliz

María Doallo Freire
María Doallo NO SÉ NADA

OURENSE

01 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Tuve una niñez muy normativa y alegre, pero es cierto que hubo algunos años en los que las desgracias se sucedieron. Creo que de ahí viene mi nivel actual de intensidad para con todo. Dice Amil que todavía estoy a tiempo de corregirme. Yo no lo tengo nada claro. El caso es que cuando era niña vivía supertranquila porque cada vez que había una piedra en el camino pensaba: «Podría ser peor». Eso es una forma arriesgada de enfrentar las situaciones ya que básicamente consiste en aceptarlas y seguir, sin profundizar para nada en ellas y, creedme, hay cosas que requieren de su tiempo para ser asimiladas. Por otra parte, también es un enfoque muy positivo y optimista de la vida en general. Así soy yo. O, al menos, así me gusta pensar y sentir que soy. Un día, con poco más de 9 años, me preguntaron qué quería ser de mayor y contesté «muy feliz». Cuando empecé a trabajar en La Voz cumplí un objetivo profesional muy grande y sentía una satisfacción e ilusión que eran diarias. Básicamente colmaba de alegría y tenía la sensación de que iba salpicando a los demás con un poco de ella. Creo que en estos años he perdido parte de esa purpurina —aunque puedo asegurar que el entusiasmo sigue intacto— y quiero darle las gracias a Roque Gómez, del estanco de Juan XXIII, por recordármelo. La semana pasada conocimos al equipo de este negocio ourensano y Roque me dio una lección. Me estaba diciendo lo feliz que le hacía trabajar en un estanco y hablar con los vecinos a diario. Dijo que qué sentido tendría esta vida si no intentásemos disfrutarla cada día. Él no solo lo intenta si no que saca una sonrisa a todo el que entra por la puerta. Es precisamente la buena fama de Roque lo que me llevó hasta el estanco. Un influencer de alegría y sin redes sociales. Y ahora vuelvo a querer ser muy feliz.