Mola llegar a estas fechas con el calor atosigándonos, solo por falta de costumbre, y con la tele plagada de deporte del bueno. Vale, en este caso no me refería a Carlitos Alcaraz —no me llames Carlos—, pero reconozco que el glamur de la Caja Mágica también tiene su aquel, máxime si le añadimos savia nueva al cotarro.
Alguno ya conoce mi afición a los deportes profesionales norteamericanos y todo el espectáculo que montan, desde que eligen a los jóvenes que ficharán para la próxima temporada a las mismísimas finales de sea lo que sea. Con todo una terna de ascensos en Ourense —habrá más, pero me quedo con los más sonoros—, me carga de adrenalina casi tanto como ver a los bólidos del Rali de Ourense salir del puente del Milenio en dirección a Concepción Arenal.
Ya admiro a Neptuno, que afila su tridente con tres puntas que van lanzadas hacia su objetivo. La primera es la de la UD Ourense. Seguramente nunca debió caer en la Preferente, pero el plantel de Jorge De Dios está motivadísimo para regresar por la vía rápida y podría ser el próximo domingo en Pontevedra. Y si no, pues se busca el billete en O Couto a la semana siguiente.
En ese caso podría coincidir con el brillante Ourense CF, que jugará la eliminatoria final para dar el salto a la Segunda RFEF —fecha por confirmar— o con el Club Ourense Baloncesto, que esta semana abrirá su cruce decisivo en Navarra, para terminarlo siete días después en el Pazo. Otro que quiere recuperar cuanto antes la categoría perdida. Y en el camino se quedó el Barco, en el duelo fratricida de Lugo. Me marcho a aguzar mi tridente. Este año sí.