Hoy que escribo solo durante unas pocas horas, opté por subir el volumen. Rock, de unos chicos que están empezando, M Clan. Por lo menos me siento más arropado y hasta puedo tararear.
Y ya lo he comentado en otras ocasiones, desgraciadamente mi cerebro no es capaz de centrarse en una sola cosa, va y viene al hilo de mínimas distracciones. Fue lo que me pasó al llegar al final de la letra de Carrusel: «Y ahora riegan las calles tus lágrimas, pero sé que hay un millón de luces para ti en el carrusel».
En el mundo del deporte, el carrusel es inevitable y más en el baloncesto, donde una canasta rozando una línea puede definir —o destrozar— un partido, casi una temporada, si la dosis de buena/mala suerte se prolonga durante varias semanas. Por eso pensé en el COB, ese histórico que es añorado en la ACB, pero que cuenta en sus entrañas con muchos defectos de forma que le impidieron un regreso ganado en la pista.
Hundido en una LEB Plata que interesa poco a los aficionados, por mucho que los cobistas son de otra pasta y no abandonan a su equipo, el futuro sigue mirando a la caja y a esa ampliación de capital que está en marcha, con el Grupo Hereda mojándose para invertir. Ya saben, eso de «un millón de luces». Pero el carrusel también sigue dando vueltas. Tras un bache, llegaron dos victorias, de esas con la garganta seca mientras volaron dos intentos triples que esta vez no se llevaron puntos. En fin, ahora ya cantan Leiva y Zahara: «Hay una puerta abierta, hay un dolor guardado. Hay algo más, tenlo claro». Ya comprobaremos si son refuerzos, si son temblores o si toca seguir en el carrusel.