Apartir del año 2025 los alemanes van sufrir un catastrazo a consecuencia de una sentencia dictada por el Tribunal Constitucional que obligó a redactar una nueva ley. Pero ya desde el 1 de enero de este año 2022 empieza la tortura mental para muchos de ellos: hay que realizar los cálculos de valoración de los más de 35 millones de inmuebles existentes. Pero esto no solo tiene consecuencias directas para los propietarios, también para los alcaldes, que son los que van a recaudar el dinero. Por un lado se alegran de que se van a llenar las arcas municipales, pero por otro lado, temen que la peña puede llegar a montar la de San Quintín, justo en un año de elecciones locales previstas para el 2024-25. La razón de todo este lío reside en que el Tribunal Constitucional dictaminó que no se podían aplicar unas reglas de cálculo de valoración tan dispares según en que región esté la casa y sin actualizar desde el año 1964 en la parte occidental de Alemania.
Lo más grave es que en los edificios de la antigua Alemania Oriental los valores base de aplicación son de la época de Hitler, el último catastro actualizado es del año ¡1935! Obviamente un chalé de 400 metros cuadrados de superficie en la zona de Turingia pagaba en la actualidad unos irrisorios 800 euros anuales, y sus vecinos de Baviera más del triple. Ahora toca actualizar y equiparar con igualdad.
Pero millones de alemanes tiemblan de cara al año 2025. Algunos, que ya están jubilados, están pensando en vender sus casas al no poder hacer frente al pago que se les avecina. Y los ayuntamientos temen que esta revalorización encarecerá aún más el mercado inmobiliario.