No hay fallo. Pasa año tras año. Incluso en el mes de agosto el PSOE ourensano es capaz de generar una crisis. Ocurre prácticamente desde el amanecer de los tiempos y parece que nada va a cambiar. Los socialistas -que, no lo olvidemos, fueron la fuerza más votada en las últimas elecciones municipales- siguen siendo un partido en constante conflicto interno. Y ahora se enfrentan a unos meses críticos, con sucesivos procesos de elección a nivel federal, gallego, provincial y, por fin, local.
El presidente de la gestora aclara hoy en estas páginas que es «imposible» que el PSOE tenga una dirección estable en la ciudad antes del año 2022. Y eso supone un problema teniendo en cuenta que, más pronto de lo que parece, en el 2023, vuelven a tocar las elecciones municipales. Pasado el ecuador del mandato, ya no se cuentan los meses que pasaron desde la última cita con las urnas, sino los que faltan para la próxima. Y, cuanto antes se despejen las incógnitas que existen a nivel interno, mejor para ellos, teóricamente.
Pero no son los únicos que tienen que resolver sus propias tensiones antes de presentarse de nuevo ante el electorado. El PSOE no sabe quién será su líder en el 2023, pero tampoco el PP, que está pendiente de celebrar un congreso local en los próximos meses. Mientras, los populares han vuelto al gobierno municipal, apuntalando de este modo al alcalde, Gonzalo Pérez Jácome, a quien solo le queda esperar. Democracia Ourensana sí tiene claro quién será su candidato, obviamente, porque el partido es suyo, entre otras cosas.