El PSOE ourensano entra de nuevo en el bucle de la confrontación interna

Miguel Ascón Belver
Miguel Ascón OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Rafael Rodríguez Villarino fue elegido secretario provincial del PSOE ourensano en el año 2017 y, tras su proclamación, lo celebró con quienes lo apoyaron en aquel proceso.
Rafael Rodríguez Villarino fue elegido secretario provincial del PSOE ourensano en el año 2017 y, tras su proclamación, lo celebró con quienes lo apoyaron en aquel proceso. Santi M. Amil

La dimisión de García Lozano avanza un escenario conflictivo hasta el 2022

20 ago 2021 . Actualizado a las 09:04 h.

Concepción García Lozano, concejala del PSOE en Ourense, ha presentado su dimisión como miembro de la ejecutiva gallega y se ha marchado con reproches hacia su líder, Gonzalo Caballero, por su pasividad ante la situación del partido en la ciudad, en manos de una gestora desde diciembre del año 2019. Este movimiento avanza un escenario convulso para el PSOE ourensano, que se enfrenta a varios procesos internos en los que se dirimirá quién toma el control de la formación.

Para entender lo que hoy está ocurriendo hay que remontarse a las elecciones del año 2019, que en teoría podrían haber sido un revulsivo para el PSOE a nivel local. Los socialistas fueron los más votados y pasaron de seis a nueve concejales, pero la tensión que provocó el proceso de configuración de la candidatura abonó la semilla de la discordia. Tras la renuncia de José Ángel Vázquez Barquero, el candidato de última hora fue el secretario provincial del partido, Rafael Rodríguez Villarino, que unos pocos meses después del éxito electoral promovió la disolución de la dirección local del PSOE.

Ese movimiento ahondó en la crisis porque sus rivales entendieron que trataba de hacerse con el control del partido de manera soterrada. Y ese malestar se ha ido enquistando con el paso de los meses porque la gestora que tomó las riendas del partido en diciembre del año 2019 tenía un mandato máximo de noventa días, pero han pasado más de 600 y ahí sigue. Precisamente, en su carta de dimisión García Lozano hacía referencia a esa situación y calificaba la dirección provisional de la ciudad como «tutelada», en clara referencia a Villarino, con quien no ha hablado, confiesa. Este, en todo caso, no se da por aludido en sus declaraciones. «Descoñezo a quen se refire», asegura el secretario provincial del PSOE y portavoz del grupo municipal socialista, del que también forma parte ella. De hecho, seguirá como concejala, algo que llama la atención al líder socialista. «Parece que coa liña que levamos no Concello si está conforme», reflexiona.

«É unha decisión estraña e extemporánea porque dimite dun comité federal que xa non existe porque xa está convocado o congreso e dunha executiva galega á que hai case dous anos que non asiste», remarca Villarino sobre García Lozano, a quien invita a plantear sus críticas a nivel interno: «Tempo ten e oportunidade de falar destes asuntos no ámbito orgánico. E discutirase, que para isto estamos».

«De tutela, nada», resume, por su parte, el presidente de la gestora, Adolfo Pérez Abellás, que asegura que es el primer interesado en que se convoque cuanto antes la asamblea para la elección de una nueva dirección local, tal y como reclaman los críticos con Villarino. Sin embargo, explica que «a día de hoy no se puede convocar garantizando la seguridad de los quinientos militantes». Abellás culpa a la pandemia del retraso y explica que ahora hay que esperar a los procesos a nivel federal, autonómico y provincial, que van en cascada y que arrancan entre el 1 y el 3 de septiembre con la presentación de precandidatos para el cónclave que debe reelegir a Pedro Sánchez. Se prevé, de hecho, que esa primera etapa servirá para escenificar la división del PSOE, con las familias socialistas midiendo sus fuerzas de cara la batalla definitiva.

Para la asamblea que decidirá quién manda en el partido en la ciudad habrá que esperar hasta el 2022. «Antes del año que viene, imposible», dice Pérez Abellás. Serán unos meses muy largos para un partido que está ya más que acostumbrado a vivir en un bucle infinito de confrontación interna.