Cuando hablo (y presumo) de Ourense con gente que es de fuera, suelo recurrir al cliché: «Es la segunda ciudad de Europa con mayor riqueza termal». Pero, para no defraudar sus expectativas, inmediatamente les aclaro que ese potencial no ha sido aprovechado de forma adecuada. Es muy difícil de explicar que la «capital termal de Galicia» no tenga ningún gran hotel-balneario y, cuando surge la conversación, suelo culpar a la clase política, a la constante falta de consenso en los asuntos clave y a la ausencia de iniciativa de los sucesivos gobiernos municipales. Lo reconocía ayer mismo el presidente del PP de Ourense y de la Diputación, José Manuel Baltar, que este jueves convocó a los medios de comunicación para confirmar sus planes de convertir el Pazo Provincial en el ansiado balneario urbano. «Sería mellor que o Concello fose compañeiro de viaxe nisto, pero evidentemente non o foi ata este momento. E non so falo do alcalde actual, porque non fomos quen os ourensáns en trinta anos de dicir ‘‘esta é a parcela’’».
Para el «alcalde actual», Gonzalo Pérez Jácome, el termalismo es un «bluf», como él insiste en decir. Y es obvio, por lo tanto, que no cree en la inversión pública en este ámbito. No figura entre sus prioridades, pero sí -por lo visto- entre las de sus socios de gobierno. Jácome no cree en el termalismo, como no cree en la cultura ni tampoco en los servicios sociales, ni en otras áreas que para el PP en teoría sí sin prioritarias. Parece difícil construir consensos así y los ourensanos no se merecen esperar treinta años para hacer realidad sus proyectos.