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Yo pensaba, yo creía

Ruth Nóvoa de Manuel
Ruth Nóvoa DE REOJO

OURENSE

04 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando estudiaba, yo era mucho de hacer planes. Sobre todo en época de exámenes. Me hacía un cuadrito, incluso con colores, e iba planificando todo lo iba a hacer para llegar preparada a los parciales y a los finales. Levantarme a las siete para estudiar equis tema de Historia, a mediodía acabar de leerme El hombre en busca de sentido, que no es muy largo; por la tarde repasar Teoría General de la Información y acordarme, con cariño, de la familia de la profesora; y por la noche, repasar lo del origen del hombre y el Popol Vuh mientras ceno con mis compañeras de piso, que les va a encantar el tema y así hacemos tiempo mientras esperamos a ver Gran Hermano. Me marcaba hasta los descansos. Luego ya venía la voluntad, la mala voluntad, a llevarse por delante mis cronogramas. Al día siguiente sonaba el despertador, lo apagaba, ignoraba en mi cabeza el plan y, una vez levantada, mis buenos propósitos y mis notitas de colores eran papel mojado. Ni acababa Historia, ni me daba tiempo a terminar el libro, me tenía que saltar TGI y en la cena teníamos mucho de qué hablar como para meternos con los mayas. Solventé bien la carrera -ya se lo digo a mi hermano, no haber elegido una ingeniería-, pero la mala conciencia hace que todavía tenga pesadillas en las que tengo un montón de asignaturas sin aprobar.

Cuando empezó la vida en serio y eso de trabajar decidí dejar el «voy a hacer», «tengo que hacer» o «estoy pensando que». Para la vida real, más que muchos planes, necesitas acciones: «hice», «ya está listo» o «acabo de terminar». Imagínate si eres alcalde.