Esperanza por Santo Estevo

OURENSE

_

La iglesia, en la Ribeira Sacra, está a la espera de su revalorización

27 mar 2021 . Actualizado a las 17:40 h.

«Gracias que se baixaron as pedras de arriba, senón, non se conservaría nada». Las palabras de Xosé Xulio Rodríguez, párroco de Santo Estevo de Ribas de Sil, nacido y criado en el mismo lugar, hacen referencia a sus recuerdos. Los que tiene de cómo fue otro cura el que, hace décadas, hizo bajar la sillería desde el coro del templo hasta los dos muros laterales del presbiterio, donde sirvió de cobertura a los murales de hace quinientos años que se acaban de descubrir.

Xosé Xulio siempre ha estado ligado al conjunto de Santo Estevo. «Fun á escola dentro do mosteiro», recuerda. El sacerdote hizo hincapié en la mala situación en la que se encontraba este monasterio de la Ribeira Sacra ourensana durante su juventud, y en cómo se actuó para contrarrestar esa realidad. «No seu día investiuse moito no mosteiro para transformalo en parador e quizais se esqueceu un pouco a igrexa», subrayó. Ahora, tras la aparición de los anillos milagrosos en los relicarios de la iglesia y el descubrimiento de los frescos detrás de la sillería sobre la cual se apoyaban estos armarios, Xosé admite, que «algo de esperanza si que teño». Recuperar y poner en valor la riqueza de la iglesia de Santo Estevo es difícil, en parte por la situación del templo, en una zona húmeda y con determinadas partes del templo por debajo del nivel del suelo. Sin embargo, las palabras del párroco son claras: «As autoridades deben ter en consideración a igrexa. Hai que traballar con forza por ela».

El camino empezará cuando la Xunta de luz verde a la recuperación de las pinturas. Vania López, directora del Centro de Restauración San Martín, explica que es una labor costosa. Pero no por la necesidad de medios al alcance de pocos o una grandísima inversión económica, sino por el tiempo. Para sacar a la luz los murales que se hallan ocultos tras los encalados de las paredes laterales del presbiterio, no queda otra que quitar las capas a mano. Es un trabajo muy minucioso, que ya se puso en práctica con las cinco catas realizadas hasta ahora. Para recuperar esas cinco secciones, que tienen unas dimensiones aproximadas de 20 centímetros de alto y 20 de ancho, hicieron falta cerca de ocho horas de trabajo manual. El conjunto completo se compone de dos paramentos, a ambos lados del ábside del templo, de 2,85 metros de alto y 2,80 metros de ancho cada uno.

La propuesta de intervención realizada por el Centro de Restauración San Martín es, explica Vania López, la siguiente. Una vez retiradas las capas de cal con bisturís y escalpelos —y también pequeños cinceles para el lado norte, que presenta una capa de mortero más difícil de retirar— se ve lo que hay realmente debajo y, si es necesario, se limpia con algún tipo de disolvente como agua desionizada. Después, los restauradores no realizan ningún tipo de modificación sobre la pintura aparecida, ya que la intención es conservarla en el estado más cercano al original posible. Lo que sí hacen es rellenar las zonas que por varios motivos puedan estar vacías. A estas lagunas se les añade un mortero de cal al nivel de los murales y después se recupera el color, siempre con técnicas reversibles, como la acuarela, y evitando que las secciones añadidas por los restauradores se puedan confundir con las policromías originales.