Quique

Luis Manuel Rodríguez González
Luis M. Rodríguez A BOTE PRONTO

OURENSE

Me dejó algo tocado el reciente fallecimiento de Quique San Francisco. El adiós a esa figura enjuta, coronada por ojos saltones. Casi de inmediato recordé una frase suya que leí hace tiempo: «Tengo fama de cervecero, pero no es para tanto. Es en los monólogos, porque el público aplaude cuando la saco».

Sesenta y cinco años, bastante expuesto en los medios -para algo fue casi yerno de la Faraona-, setenta películas, televisión y muchas tablas teatrales. La mayoría pensamos que lo conocíamos y quizás no acertamos ni en lo de la birra, que por cierto parece bastante contrastado. Pero, como dice una amiga mía, es un personaje de esos de toda la vida. No necesitaba hablar para arrancarte una sonrisa y, sin embargo, deseabas que lo hiciera, porque siempre era capaz de decir algo ingenioso.

Pues nada, quedará esa retranca de un actor, al que podíamos adaptar perfectamente a la figura del cuentacuentos. Estoy seguro de que incluso podría contar un partido como el que disputaron ayer el Arenteiro y la UD Ourense con la sencillez del que le importa un bledo quien se lleva el balón y, aún así, sin perderse detalle. Al contrario, admito que no aparto la mirada de esos duelos, por mera deformación profesional.

Me gustan hasta cuando los tachan de aburridos, porque no llega un balón a portería. Siento cierta atracción por la partida de ajedrez de los entrenadores o por la forma en que algunos futbolistas mutan ante rivales a los que conocen perfectamente. Reconozco que además tenía el corazón partido esta vez. Y, al menos, el líder es de los nuestros, como siempre lo fue Quique. Va una cerveza por él.