El grito de Nausícaa

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Imagen de archivo de una exposición de César Taboada en el Museo Municipal
Imagen de archivo de una exposición de César Taboada en el Museo Municipal Miguel Villar

César Taboada, el gran «outsider» de la plástica gallega

22 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

«Ama el arte en ti mismo más que a ti en el arte». Stanislavski.

Extensa y comprometida es la trayectoria del polifacético artista César Taboada, director de la Escuela de Arte Superior de Diseño Antonio Faílde y embajador experto en programaciones internacionales, escenógrafo, ilustrador, profesor… creador de anatomías soporte para territorios de culturas cruzadas, investigador outsider, artista disidente y alternativo, ajeno a los roles establecidos por el mercado y la cultura occidental, antropófago genial y uróboro de un mestizaje que conecta identidad, memoria y mundialización.

Viajero diletante, traslada la clandestina perversión del voyeur al espectador a través de sus interiores sensuales con un exotismo matissiano del lejano oriente en sedas y damascos y con trazo firme y pincelada larga confunde con su lenguaje clásico su carácter libre, antidogmático y transgresor que descontextualiza en el horror vacui de un vitalismo creativo volcánico de efervescentes odaliscas fauve envueltas en oropeles y una elocuente inteligencia que traslada a la ironía que caracteriza su obra más allá del concepto expresionista o la nueva figuración a la que el artista añade con caligrafía propia, tramos en blanco entre lo ingenuo y lo oscuro, tamizados por un espacio surrealista, creando estados psicológicos, delirio de placeres y ambientes ambiguos y una construcción arquitectónica de planos geométricos rítmicos, encontrando en el simbolismo de la metáfora un lenguaje sorprendente, inclasificable en su ecléctica autenticidad y una desacralización del carácter aurático de la obra de arte como una concepción nihilista de lo trascendente que, sin embargo, estructura la imagen dialéctica con rigor conceptual que proyecta como negación de lo simplemente factual, trascendiendo su cualidad objetual.

Distorsiones en las que lo animal adquiere expresiones humanas y lo humano muta su naturaleza, objetivando al sujeto y subjetivando el valor del objeto a través de una cosificación inusual y una intelectualización del objeto convertido en ser animado y un análisis de las relaciones, funciones y disfunciones del sujeto con el entorno en el que se sitúa al personaje aislado; lúcido retrato del ser contemporáneo alienado en la prisión social que deriva del rol profesional que asume y aproxima al discurso de Kafka y Heidegger sobre la Sorge existencial como contexto transhistórico y universal. Resignifica el objeto mediante la grafía de un virtuoso dibujo con estilizaciones expresivas en una relación icónica entre realidad, idea y representación bajo una intencionalidad expresa convirtiéndolo en signo sustitutivo.

El lenguaje de CZAR, aporta innovaciones en el campo del significante y del significado en la disociación narrativa que imponen los nuevos códigos visuales y la incorporación de otras formas de expresión y mestizaje.

La memoria es una extraña maleta que arrastra y dibuja partituras que devuelven al viajero errante a Ítaca, a su hogar, mientras el mundo sigue empeñado en abrir nuevas rutas al extranjero.

La carga emocional modela esa figuración cálida de CZAR, que define con gran lucidez el crítico y comisario Antón Castro.

Una figuración terrosa, humana, luminosa, vibrante, cruel o trágica, sin dogmatismos, sin arrepentimiento, honesta.

Pintor de lugares posibles e imposibles, el artista crea seres, analiza y proyecta escenarios, espacios y sociedades, estructuras, arquitecturas, cuestiona preceptos con la alquimia de una luz y una policromía de influjo neopop en los matices de seda de los soportes plásticos.

La distorsión e hipertrofia figurativa disecciona contenidos que discurren paralelos a la euforia y a la angustia y transcurren entre el hedonismo y la ironía, expandiéndose las figuras en un espacio que las acota como la piel. Seres rítmicos, contorsionismo expresionista y cromatismo vitalista. En los huecos de la reserva se abren silencios teñidos de incógnitas.

El carácter autobiográfico que subyace mezcla la memoria identitaria con la experiencia vivida a través de sus viajes por el mundo. Del centro a la periferia, distintos modelos, los mismos colores se alejan de los mecanismos de exclusión y estereotipos de la mirada occidental.

Una composición en apariencia caógena, estructurada de manera analítica en la gráfica figurativa, plantea alrededor de sus personajes una atmósfera tangible de espacialismo psíquico y físico, territorial, totémico, riguroso e ahistórico, un universo de imágenes, olores y colores donde caos y cosmos se retroalimentan devorados por la misma pasión imposible de lo cotidiano.