Cómo suena

María Doallo Freire
María Doallo NO SÉ NADA

OURENSE

A los bebés, los sonidos fuertes les asustan tanto que se ponen a llorar. Yo era de las que se unía al estruendo gritando. Ahora le chillo a mi sobrino cada vez que infla los pulmones esperando soltar un llanto. Pasmado, para en seco. Eso de unirme al ruido, con la edad, se ha venido a convertir en algo así como ser la que aplaude y pide brindis por todo. Tengo lo mismo de folklórica que de esnifadora profesional de purpurina. Supongo que es una manera de entender la vida. Igual que el amor. Que, por cierto, feliz San Valientín a todos, este año más que nunca, porque el amor no sabe igual si es virtual y porque más nos vale ser valientes con la que está cayendo. Pero volviendo al tema. La vida, tal y como yo la veo, tiene sonido, hace ruido y se mueve mucho. Está llena de colores y rodeada de multitudes que a veces la frenan y otras la arrastran. Bebe de las raíces y vuelve siempre a esa tierra que la vio crecer. La vida es exactamente igual que el entroido de nuestra provincia y este año de pacotilla hemos vuelto a demostrar que la tradición es mucho más que el arraigo a lo propio. Es nuestra forma de vivir. Y esto, amigos, no es capaz de frenarlo ni el covid. A los que hicieron sonar sus chocas, esquilas o campanas reviviendo a cigarróns, boteiros o pantallas. A los que se disfrazaron a todo trapo para hacer videollamada desde el salón, los que se calzaron la peluca para ir al súper y los que quisieron apoyar a sus pequeños combinando atuendo carnavalero. Nos habéis contagiado alegría, pero también entusiasmo y mucha esperanza. Volverán las reuniones, las multitudes y la normalidad, sin duda, pero mientras, que no se nos olvide cómo suena el sentimiento. ¡Que viva el entroido!