Así es una jornada dentro de la rea del CHUO: «¿Salvar la Semana Santa? ¿Es una broma?»

Pablo Varela Varela
pablo varela OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Brais Lorenzo

«Hemos visto que la gente se ha relajado demasiado», avisa el personal de la unidad de reanimación del CHUO

07 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

«Me está costando dormir. Me despierto muchas veces por las noches. Y este jueves, por ejemplo, fue horrible», cuenta Nuria Carballo, médico anestesista en la unidad de reanimación del CHUO. Con 14 camas disponibles para pacientes covid-19, esa jornada estaban cubiertas 12. Es decir, está prácticamente al borde de su capacidad. «Pero además, el tema es que sale un afectado y entra otro. O llegan dos casi a la vez. Y ese goteo continuo pasa factura», agrega Montse Seijas, auxiliar de enfermería en el recinto.

El personal de rea desgastado tras casi un año de pandemia, sospecha que el anuncio de la vacuna tuvo su lado perjudicial. «Hemos visto que la gente se relajó demasiado. Con la sensación de que más pronto o más tarde se la pondrán y saldrán de esto, hay quien se ha dormido con las normas», indica Seijas. Nuria, que corrobora el testimonio de su compañera, añade: «Es cierto que la vida debe seguir adelante, pero con precaución porque estar aquí no es ninguna broma».

El jueves, dos ingresos casi consecutivos pusieron a prueba a los trabajadores de la unidad. Porque una hospitalización va mucho más allá de encamar al paciente. «Antes del pronado, de colocar al afectado boca abajo, toca intubarlo. Y es una maniobra complicada a lo que se suma que muchos de ellos llegan al límite. Si algunos supiesen lo mal que se puede estar a causa de la enfermedad, no tentarían a la suerte», dice Carballo.

En el área de rea han entrado pacientes cuyos rostros eran la viva imagen del miedo. De la incertidumbre por estar a merced de un virus silencioso, caprichoso cuando quiere y despiadado si tiene su ocasión. «La gente sabe a dónde viene y por qué entra aquí», dice Nuria. «Recuerdo a un hombre, que entró en la unidad hablando, pero con una cara de pánico que parecía decir: ‘Si me quedo dormido no sé si me voy a despertar’. Es algo que te deja mal cuerpo. Te remueve algo por dentro», dice Seijas.

El pasado jueves, la jornada de Nuria y Montse se inició a las 8.00 horas. Esta es la crónica de cómo fue su desarrollo.

8.00 horas

El inicio del turno. A Nuria le corresponde una guardia de 24 horas. Montse, por su parte, inicia un turno de refuerzo. «A primera hora hacemos el pase de guardia relevando a los compañeros de la noche, nos comentamos las incidencias con los pacientes ya ingresados y nos distribuimos el trabajo», cuentan.

11.00 horas

Sobre la mesa, más ingresos. A las pocas horas de entrar, reciben una llamada. Se prevé que, en torno al mediodía, haya entre una y dos nuevas hospitalizaciones por covid-19 en el área de críticos. En principio, una la asumiría la uci, y el otro ingreso sería para rea. Al que llega hay que prepararle el box y también es sometido de inicio a una broncoscopia, para evaluar sus pulmones. «Un ingreso lleva su tiempo: no es solo intubar y coger vías, también es preparar todo para tener al paciente controlado. Si no se complica la cosa, te lleva una hora y cuarto u hora y media, desde que entras con el afectado hasta que queda acomodado, entre comillas, pero si no viene en buenas condiciones el proceso se puede alargar hasta las tres o cuatro horas», dice Seijas. Y esto, claro, con el epi puesto en todo momento.

13.15 horas

Los dos ingresos. Se confirman que llegan dos nuevos pacientes. Toca distribuir la carga de trabajo y dejar lo menos urgente para otro momento. «Son personas que llegan muy justas en lo respiratorio y precisan atención inmediata», dice Carballo. Cada paciente es un mundo, pero suele haber un patrón: el grueso de los que son hospitalizados tienen tendencia al sobrepeso, o padecen diabetes o hipertensión. A veces, el combo entero. «¿Salvar la Semana Santa? Cuando oigo que dicen eso se me ponen los pelos como escarpias. ¿Es una broma?», dice Nuria. En reanimación hay un reloj en la pared, del que casi nadie está pendiente. Dentro de la unidad, lo habitual es perder la noción del tiempo. «Este jueves, mientras nos preparábamos para el ingreso de los dos nuevos pacientes hubo uno, ya hospitalizado, que comenzó a empeorar», agrega Montse.