Lo que de verdad importa
En el día doce de semiconfinamiento luchamos juntos contra el cáncer de mama
Ayer fue el Día Mundial de la lucha contra el cáncer de mama. Para mí es hoy, recordad que escribo un día antes de que leáis esto. Estoy sentada en un mirador de la ciudad. Un sitio al que vengo a menudo. Le llamo mi escondite —aunque cada vez es más fácil encontrarme—. Vengo aquí cuando necesito desconectar. Este lugar, por muchos microdetalles con los que no os aburriré, me ayuda a pensar con claridad, me da aliento y, lo más importante, me proporciona concentración cuando no me queda. Un buen puñado de diarios se han gestado aquí. En eso estaba precisamente cuando han aparecido cinco niños de unos 16 años. Acaban de llegar y eso significa que yo ya me voy. Como buenos adolescentes van uniformados. Gorrita, parka tipo canguro y pitillo en mano. Llevan intrínseca esa chulería propia de la edad, que funciona como una cortina de humo sobre la bondad y los valores férreos que es probable que tengan. Esto lo aprendí los veranos que trabajé en campamentos y campos de trabajo. Los adolescentes tienen muchísimo que aportar al mundo, tan solo habría que escucharles más y juzgarles menos. La libertad y rebeldía de esa época no dura mucho y es necesario aprovecharla. Los traigo a este diario porque en esta ocasión evidentemente lo están haciendo mal y sin embargo no creo que fuese por nada relacionado con imponer su libertad sobre las restricciones vigentes. Creo que está vinculado a un problema de ignorancia y de permisibilidad. Que por qué lo pienso. Pues porque desde hace doce días lo que menos veo por la calle es a jóvenes haciendo el ganso en pandilla —ahí vuelve el señor mayor—, sin embargo es muy fácil encontrarse a adultos hechos y derechos incumpliendo normas por doquier. No se trata tanto de inculcar con el ejemplo como de mostrar coherencia. Esa que dice que si el mayor no puede quedar con su grupo, no deberías llevar al pequeño al parque para que esté con sus amiguitos —por mucho que vayan juntos a clase, sí—. Si él no puede llevar al chico o a la chica que le gusta al banquito de la terraza de arriba del centro comercial, tú tampoco podrás llamar a la tía Mari para iros de compras juntas. Pero bueno, mi padre está convencido de que ir a coger setas es una excepción a la norma y puede hacerse con no convivientes. Así que, qué os voy a contar. Que no papá, que no.
Todo esto para terminar hablando de lo que de verdad importa —siempre había querido utilizar esta frase en un texto—. En este caso es frenar el número de contagios por covid. Pero hoy, solo hoy, voy a desviar un poquito el foco hacia la enfermedad del día. En España se diagnostican más de 30.000 nuevos casos de cáncer de mama al año. Es el tumor más frecuente en mujeres. Conozco a una que está luchando para superarlo por segunda vez. No me imagino qué sintió cuando le dijeron que la guerra empezaba de nuevo. Sí sé que no lo pensó mucho. Cogió su fuerza y se adentró en la batalla. Es la persona más valiente que conozco. Y a la que más admiro. Esta mujer es mucho más que el cáncer de mama que no debería tener si hubiese estado bien controlada. Por eso es importante poner atención a lo que somos y a cómo estamos. Observarnos y revisarnos. Que el covid no nuble una cita presencial de ser necesaria. Pero como os decía, esta mujer es alegría, paciencia, comprensión, fortaleza, tranquilidad y una auténtica preciosidad. La enfermedad no la define, solo la acompaña de forma totalmente temporal. Os mando amor y muchísimos mimos en esta lucha, que venceréis con creces. Por hoy, con aprender sobre lo que de verdad importa, me vale.
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