Todavía podemos ir de tiendas y qué mejor si son de comercio local

14 oct 2020 . Actualizado a las 18:51 h.

He visto colas a la puerta de Zara. Claro. Ir de compras es un plan que perfectamente puede desarrollarse en soledad. Es más, diría que la mitad de la gente que conozco prefiere de hecho salir de tiendas sola -la otra mitad subsiste con un pantalón y un par de camisetas-. Me pareció que sí, que qué demonios, estrenar sienta bien y consumir es una actividad que todavía nos está permitida. Así que me lancé a recorrer la ciudad en busca de las típicas tonterías que nunca tienes tiempo de reponer -vaya por delante que yo odio ir de compras- como calcetines, el maldito protector de pantalla del móvil o discos desmaquillantes. En un alarde de patriotismo, que con Ourense me salen muchos, me dije a mí misma que esta vez solo en ¡comercio local, comercio local! Una cosa llevó a la otra y acabé en Frank Store. Sí, esa tienda de caballero que hay en la esquina de la calle Lamas Carvajal. Adri e Isa, propietario y empleada del establecimiento, me hablaron de cómo lo llevan y me sorprendió darme cuenta de que no son pocos los que prefieren comprar ropa en compañía, por eso del asesoramiento y la toma de decisiones. Entre charloteo y charloteo, salí de allí con una sudadera de Kenzo. Sobra decir que no la necesito. Ni tan siquiera tengo pantalones con los que poder combinarla, yo solo llevo vestidos, pero me gustó tanto que... Kenzo falleció esta semana en París a manos del coronavirus y eso le trae a este diario. Un diseñador japonés homosexual en la era de los 60. Defensor del afán diferenciador y de la adaptación de la moda al tiempo presente. No sé si fue consumismo, apoyo al pequeño negocio ourensano -sin excusas- o simplemente mi pequeño homenaje. No lo pensé mucho y siento que fue una decisión correcta.

No soy una persona indecisa, los que me sufren apoyarían que soy todo lo contrario, fritos como están de que decida, organice, monte, mande y haga. Lo siento. Saben que lo digo en serio porque no me gusta ser así. Porque la vida no se planifica al completo. La vida surge, pasa, llega, ocurre y después se va. Y para ejemplo, esta situación. Ahora que encontrarnos con un amigo por la calle es la mayor aventura del día, he pensado que podría ser divertido que aprendiésemos a improvisar. La primera yo. A hacer en nuestro tiempo libre lo que más nos apetezca, dentro de la restricción. A decir, en esas decenas de conversaciones de WhatsApp que ahora son nuestro mayor aliado para sociabilizar, lo que nos salga de dentro. Quizá es momento para que dejemos de pensar, sobre todo en cómo burlar las normas, y nos pongamos a demostrar. Así he hablado con una de mis personas favoritas, conexión Andalucía, una hora seguida sin rechistar. Y he lanzado un par de «te quieros» sin venir a cuento estos últimos días. Os animo a probarlo. Quitar los filtros a veces es necesario.

Entre mis compras también hubo vino, un par de camisetas de pijama y tres libros más. Juro que fue casualidad. Supongo que a mi subconsciente le da la sensación de que el superar la centena de contagios a diario no augura nada bueno, al menos mientras nuestra actitud sea la de hacer trampas. Así que por hoy podría concluir: que el confinamiento te pille preparado.