Es curioso el papel que está jugando el Partido Popular en la crisis de gobierno que se ha abierto en el Concello de Ourense. Apenas un par de palabras arrancadas con sacacorchos a alguno de sus responsables. Que lo solucione rápido es todo lo que los populares tienen que decir sobre el cisma abierto en Democracia Ourensana, sus socios de gobierno en el Concello y en la Diputación. También es cierto que hay silencios que dicen más que un millón de palabras. Si el PP ha optado por dejar que Gonzalo Jácome se consuma en esta crisis de verano que le han montado cinco concejales, luego cuatro y ahora finalmente tres, es porque muy mal no le debe de ir el asunto. Es curioso, sin embargo, comprobar cómo tanto Jácome como los que le denunciaron en la Fiscalía por opacidad en la gestión de los fondos de Democracia Ourensana dan por descontando que cuentan con el apoyo de sus socios de gobierno. Sin embargo, el PP tiene que tener claro que en un divorcio, y esto lo es, es muy difícil mantener la equidistancia. Mientras el PP calla, la oposición habla alto y cada vez dirige más el foco hacia el silencio de Baltar, Pumar y compañía. Con esa premisa clara, les será difícil mantenerse en esa posición durante mucho más tiempo. Se entiende que en esta partida de póker en que se ha convertido la crisis del gobierno de Ourense, cada uno trata de arrimar el ascua a su sardina. Los críticos parecen perder fuelle tras arrancar con fuerza pidiendo dimisiones del alcalde y acudiendo al juzgado. Por el camino, perdieron dos apoyos que le entregaron al alcalde, que tras el impacto inicial que le dejó noqueado, ahora parece llevar ventaja en un pulso que él lidia directamente desde las redes sociales. Al PP tampoco le va mal. Su socio de gobierno se desgasta de cara a un nuevo proceso electoral y ellos, con una simple operación aritmética, saben que tienen salvada la Diputación y que incluso pueden pescar en río revuelto en el Concello de Ourense. Estaría bien que alguno pensara más en la ciudad que en sus intereses, por variar.