¡Qué viene el brote!

Rubén Nóvoa Pérez
Rubén Nóvoa DESDE MI BARRIO

OURENSE

Agostiño Iglesias

Cuando parecía que lo peor ya había pasado, resulta que aquí estamos otra vez en la casilla de salida. Como si se tratara del juego de la oca, el dado vuelve a rodar y todos nos tememos lo peor. Con esto del coronavirus hay una extraña dicotomía. Con cualquiera que hables está muy preocupado por el riesgo al contagio y a que nos vuelvan a encerrar a todos por una larga temporada. Esa misma persona, sin embargo, la podrás encontrar al poco tiempo sin mascarilla (o con ella en la barbilla) y sin respetar la distancia social. Es como si fuésemos incapaces de renunciar a todo aquello que sabemos que tiene riesgo, pero llevamos toda la vida haciendo. Y así van creciendo los contagios. Da igual que veamos cada día cómo los brotes se producen esencialmente en Ourense en encuentros familiares, porque si esa semana tenemos un bautizo o una fiesta en la aldea no vamos a renunciar a ella. Da igual que leamos que los jóvenes se han convertido en el principal foco de contagio, que esos chicos serán los que vayan a los parques rozando la medianoche a hablar de sus cosas sin mascarilla. Cuando reaccionemos, igual será ya tarde.