Campamentos


Año raro, verano raro, campamentos raros... Pero campamentos al fin y al cabo. Si tuviera que hacer una lista de cosas que hacer en la vida -pero de las de verdad, no de esas que son para Instagram- los campamentos de verano no faltarían. Pedirle a tus padres que te compren un saco de dormir nuevo (porfavor,porfavor), preparar la mochila, contar las camisetas por días, no dormir la noche anterior por los nervios, el viaje en autobús, el desembarco y las miradas curiosas a los que llegaban desde otras ciudades, las quejas por la comida, la alegría el día que tocaba cenar sanjacobos, la monitora que querríamos que fuera nuestra mejor amiga, el monitor que a todas nos gustaba un poco, compartir las habitaciones del albergue, abrir la cremallera de la tienda por la mañana, las canciones aprendidas con una guitarra prestada, las risas (sobre todo las risas), los fuegos de campamento, las fotos del último día (para intentar que durara más), las lágrimas de las despedidas, las cartas de después...

Irse de campamento, si me apuran, debería ser obligatorio.

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