«Ata dentro duns meses sei que non serei o mesmo»

Pablo Varela Varela
pablo varela OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Juan Molina, escolta en la Policía Nacional
Juan Molina, escolta en la Policía Nacional MIGUEL VILLAR

Molina, de 42 años y escolta en la Policía Nacional, estuvo un mes ingresado en la uci de Cosaga

08 jun 2020 . Actualizado a las 14:31 h.

«Contáronmo días despois de saír da uci. Ó parecer, baixoume tanto a tensión que se me parou o corazón», cuenta Juan Molina. A sus 42 años, este vecino del concello ourensano de Bande pasó de pesar 110 kilos a 75 tras contraer el virus y pelear contra él durante un mes en la uci de Cosaga. Y al ganarle la partida, aún convaleciente, lo primero que se le ocurrió fue organizar un aplauso a sus compañeros de la Policía Nacional que habían acudido a verle a las puertas del hospital a mediados de abril, cuando supieron que le daban el alta médica.

Ahora, a Juan aún se le nota tenso. Trabaja como escolta e iba y venía de Madrid todas las semanas, siempre con un pie puesto en la capital y otro en el rural de la provincia, donde se recupera estos días de un trance que le ha pasado factura a nivel físico, pero también mental. «Eu estou na casa e aparentemente ben, pero por dentro síntome rebentado», dice. No es una frase al aire, sino el dibujo de las secuelas que deja el coronavirus, tan capaz de pasar de puntillas con algunos afectados como de cebarse hasta el límite con otros sin que, por ahora, haya una explicación aparente. En el caso de Juan, habituado a la actividad física y a no estar excesivamente quieto, su malestar viene derivado de haber tenido que acostumbrarse a un modo de vida que él no asocia a su edad. «Cae algunha paparota, durmir bastante e tamén un paseo», explica. A la vez, por su cuenta, acude desde esta semana a un gimnasio de la comarca para proseguir con su rehabilitación, pero no está siendo sencillo. «Teño problemas para pechar a man dereita, así que tódolos días traballo na súa mobilidade. Pero xa non es un enfermo, e é difícil de xestionar porque interpretas que volves á vida normal e non é así», lamenta.

Él sabe de otros pacientes a los que el coronavirus dejó como herencia no deseada cicatrices en los pulmones y también trombos. En su caso, aún le cuesta gestionar los esfuerzos. «Fai pouco quixen coller unha desbrozadora para limpar como seis metros de terreo e non fun capaz. E coller unha pesa de cinco quilos xa me pesa. Teño que meterme na cabeza que ata dentro de seis ou sete meses seguramente non serei o mesmo», razona. Será cuestión de tiempo y de agarrarse todo lo posible a la paciencia, según reflexiona. Pero avisa de que, a ojos del resto, hay cosas que pueden pasar desapercibidas: «Camiñas 50 metros e cando aceleras o paso xa o notas. Todos te poden ver perfecto, pero exteriormente isto non deixa nin cicatrices nin puntos».

Juan Molina, vecino de Bande, se recupera de las secuelas sufridas. Foto: Miguel Villar