Volver

María Doallo Freire
María Doallo NO SÉ NADA

OURENSE

El aislamiento me ha enseñado que a la comida le cambia el sabor si se comparte. También que ese puntillo que te sube con el vino o con la Estrella, da menos resaca si a cada rato hay con quién brindar la copa. Me ha demostrado que soy fumadora social y que lo de sociabilizar a través del móvil se me da fatal. Pero sobre todo me ha hecho darme cuenta de la importancia que tienen en nuestra vida las personas con las que la compartimos. Hay un montón de personas que nos acompañan día a día, de valor incalculable, y que a veces pasan desapercibidas. Sin Marta ni Bea, de Utopía, no habría podido escoger el mejor regalo para cada Día de la Madre. Sin Paula, de Mkup Nails Salon, mis manos darían vergüenza ajena. Sin Cris o sin Montse, de Seoaness, tendría el pelo seco y con canas. En Kathedra consiguen hasta el libro que pensé que no existía y en Tanco siempre me recomiendan el único capaz de hacerme leer de nuevo. Por no hablar de la hostelería de la provincia. Salir a comer o a cenar, tomar unas cañas después de trabajar o coger el café de la mañana con el que activar el día son pequeños gestos cotidianos que espero vuelvan a ser tan nuestros como lo fueron hasta que apareció el aislamiento. Estoy deseando catar el rodaballo de A Palleira o los saquitos de marisco del Habana 83, pero sobre todo, quiero saber cómo está Carlos, y los Antonios y Manuel y Héctor. Como está Moisés del Cabanillas, y Martina del Sil, y Miguel y Belén de la Alborada. Y todos los que me faltan, la verdad. Quiero que estén seguros de que pronto empezará la fase del «volver» y de que yo como tantos otros, con todas las medidas de precaución, me sentaré a sus mesas, disfrutaré de sus trabajos y valoraré más que nunca su compañía.