El bosque infinito

Ehlaba muestra sus obras más recientes con un concepto revolucionario en el estudio de diseño Elga Interiorismo


ourense

«Todos somos nada, porque la nada siempre estuvo y nunca estará». Sábato.

La reputada artista Ehlaba Carballo de Dios presenta Cuentan las leyendas… en el espacio que Elga Gómez y Jose Dejoz dirigen, Elga Interiorismo. Con magnífico criterio y sofisticada sensibilidad abren su espacio a la expresión artística de los creadores contemporáneos desde sus distintas miradas y proyectos expositivos, integrándolos en el espacio Elga Interiorismo con un concepto revolucionario que plantea una educación de base desde la confluencia de las disciplinas artísticas y el diseño, y el arte construyendo hogar.

Resulta un planteamiento necesario esta convivencia para afinar sensibilidades y revalorizar la expresión artística de autor como referente del buen gusto y de la cultura. El arte forma parte de nuestras vidas como el diseño, y este es el diálogo que plantean Elga y Jose a través de su experiencia como decoradores, interioristas y diseñadores expertos en crear hogar. La idea del estudio Elga Interiorismo, inaugurado en julio de 2018, es poner en valor el diseño actual y la obra de los creadores contemporáneos.

Ehlaba Carballo es la tercera artista que colabora con el estudio de decoración integrando su proyecto en el hábitat que Dejoz construye para cada autor, que para la pintora establece un laberinto intelectual que aproxima lo externo expandido, el bosque extenso más cálido hacia la frialdad más hermética de lo profundo, misterioso e íntimo, que reserva para el gran comedor espacio de convivencia de lo privado que se abre a lo público.

La obra se atraviesa como algo orgánico que, a través de un proceso de purificación, llega a la abstracción formal y al concepto mental y sin embargo, lírico.

Ehlaba construye el mensaje a través de la obra que se edifica y estructura en forma de políptico, engranaje, colmena, esto es, cada parte es imprescindible y parte de todo y el todo se sustenta en la parte como las complejas relaciones, funciones y disfunciones que se establecen entre el individuo y la sociedad actual bajo la presión de un sistema alienante que intenta igualarnos y anularnos aunque nunca podrá reducir a todos los miembros. Siempre existirá «un salvaje» que consiga destruir un sistema analfabeto e injusto como en la novela Un mundo feliz de Aldous Huxley, un inadaptado, un loco, un reaccionario o un artista con ganas de cambiar el mundo para expresar este concepto, Ehlaba experimenta a través de la brillante serie Sigo plantando árboles expuesta recientemente en la Casa de Galicia de Madrid y cuya iconografía se aproxima a la abstracción en los troncos que en un impulso ascensional marcan más que la espiritualidad que simbolizan un código de barras con el que la sociedad de consumo intenta despreciar nuestro valor humano a cambio de un precio de mercado.

A través de la trinidad en la serie Olladas de luz Ehlaba plantea unos seres árbol antropomorfos cuya gama cromática en ocre, verde y violeta se corresponden respectivamente a tierra, corazón y mente.

De la segunda serie de Sigo plantando árboles a las rejas, concepto que plantea la encrucijada de la pérdida de libertad que el sistema impone. Barrotes orgánicos que confinan deseos y condicionan nuestras decisiones a veces físicos y siempre mentales, trabas, límites autoimpuestos y trampas sociales que impiden que el individuo sea libre y supere los límites de la jaula de cristal que le atrapa y no ve. Una revisión del mito de la caverna que proyecta sus sombras alargadas que ocultan en la oscuridad de la ignorancia la luz de la verdad.

Ehlaba repara en la serie Cisnes la magia del mito que convierte al animal en místico. El cisne como tránsito espiritual a través de la leyenda. Esta serie se caracteriza por la trilogía cromática de negro, blanco y rojo y excepcionalmente se firma en círculo para no condicionar el sentido de la obra.

La evolución vital y plástica de la artista se define en Esquema, obra hermética de profunda confesión autobiográfica en la que Ehlaba, a través del políptico compuesto por doce obras, parte de una tectónica alianza con la materia a través de la fisicidad del árbol que va perdiendo masa hasta llegar al concepto mental, a la perdida de la densidad y al afianzamiento del carácter de la idea y la personalidad arraigada en un proyecto de vida, y en la metáfora de unas raíces que se expanden sin limitación.

Cabe destacar «Poema», de onírico surrealismo compuesta con azul, savia y sangre el material del que deben de estar realizados los sueños.

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