«¡Yiamas!»

María Doallo Freire
María Doallo NO SÉ NADA

OURENSE

A mí la Navidad me genera sensibilidad. Creo que esa es exactamente la palabra. Soy capaz de emocionarme cada vez que suena All I want for Christmas is you; cuando cualquiera de mis amigos habla tengo la sensación de que le quiero más que nunca; me apetece colocar luces de colores por doquier; escuchar en bucle a Michael Bublé y tengo ganas irrefrenables de beber champán y de sentarme cerca de chimeneas. Supongo que es una época cargada de consumismo -espero que en este sentido las compras sean especialmente en comercio local ourensano- y de celebración. Pero es que tanto el consumismo como la celebración son dos cosas que me flipan. Y si somos sinceros, ¿a quién no? Llenamos a la gente que queremos de regalos, de sorpresas, de detalles emotivos repletos de significado y de ilusión que implican el mismo sentimiento de vuelta. Aprovechamos cualquier mínima ocasión para festejar, para poner en valor, para ensalzar, para querer fuerte y demostrarlo, y, por supuesto, para levantar bien alto las copas y brindar, brindar y brindar -al grito de ¡Yiamas!, que dirían los griegos-. En definitiva, para ser conscientes de lo que tenemos y, ¿por qué no?, presumir de ello sin reparo ninguno. Yo prefiero invertir en preparar la cena con la familia; en comerme a abrazos -como los de este lunes en la estación de tren- a esa parte de mis personas favoritas que vuelve a casa como el turrón; o en llevar al chico que me gusta a ver al Niño Jesús mutilado del belén de la Alameda. Prefiero eso que gastar en lotería. Hace mucho que me convencí de que la suerte no existe pero ¡bendita la suerte que mantiene a mi lado a la gente que amo! ¡Felices fiestas!