«Pasé del 'business' al 'happiness'»

Inmaculada Rodríguez Cuervo, que fue vicepresidenta del Parlamento gallego, se dedica ahora ayudar a empresas y a organizaciones a que gestionen mejor sus emociones


Ourense

Inmaculada Rodríguez Cuervo nació en Madrid en 1965. A Ourense, la provincia de los suyos, llegó en 1997. Desde el 2012 su nueva patria es el mar de A Coruña. Pasó por varias empresas, incluida la de su familia, antes de aceptar una invitación para participar en la vida política que la llevó a ser vicepresidenta del Parlamento gallego con el PP entre el 2001 y el 2005. Para resumir su trayectoria profesional emplea una expresión de su hermano: «Pasé del business al happiness». Y en esto está, en ser feliz y en ayudar a otros a que lo sean.

—Dice en Linkedin: «Siempre encuentro soluciones». Está en el país adecuado entonces.

—(Risas). Encuentro soluciones, otra cosa es que sean aplicables. Pero siempre sentidiño y diálogo. Todo lo que genera tensiones entre personas, organizaciones o países se debe a que no hay una buena gestión de las emociones, propias o ajenas. No venimos con manual de instrucciones. Solo a base de observar podemos aprender. Y cuando nos ponemos los zapatos del de enfrente es cuando solucionamos conflictos.

—¿Haría falta una asignatura para gestionar las emociones?

—Se empieza a implantar la educación emocional. Debería esta presente en todos los niveles.

—No es casual que una de sus empresas se llame Emociacción.

—Es que lo único que nos lleva a la acción, buena o mala, es la emoción. Es que lo te mueve. Luego lo puedes racionalizar pero ese clic en el estómago es pura emoción.

—¿Y qué hacen en su empresa?

—Ayudamos a organizaciones a gestionar mejor sus emociones. Acompañamos en formación de mandos intermedios, en resolución de conflictos, gestión de los equipos y motivación...

—Seguro que cuando de niña le preguntaban qué quería ser de mayor no respondía que «facilitadora». Y así se define profesionalmente. No suena mal en este mundo tan difícil.

—(Risas) Sí, soy facilitadora de equipos y de Lego (usa estas piezas para una innovadora metodología de trabajo). Yo vengo del business, del negocio puro y duro. Y me he dado cuenta de que, más allá de los números, el negocio es lo que llevan dentro las personas que lo hacen. Después de vivir durante muchos años el lado material, me di cuenta de que el importante es el inmaterial.

—Yo juego a Lego con mis hijas. Usted juega con directivos.

—Con las piezas de Lego lo que haces es construir escenarios y representar aquello que tú crees o que crees que se cree. Eso sirve para despersonalizar las situaciones, desdramatiza. Y así encuentras un campo para trabajar con menos pasión cómo está la empresa. Esto no es un ataque de frikismo. Es algo más.

—¿Y usted qué pieza de Lego es?

—El problema es que Lego no tiene sirenitas, que sería lo que a mí me gustaría ser. Me gusta mucho el mar (se fue de Erasmus para estudiar biología marina) y nadar. Me gusta ese punto medio persona, medio magia.

—28 años en el mundo de la empresa y cuatro en la política. ¿Una línea en el currículo o un borrón?

—Cuando volví al mercado laboral me preguntaba: digo o no digo que estuve en política, porque ahora tiene tan mala prensa, quién va a querer contratarme. Y la respuesta fue: ¿No fue un honor servir a Galicia? ¿No fue un honor hacerlo lo mejor posible desde el punto de vista que yo tenía en aquel momento, de forma honrada, desinteresada y tremendamente ingenua? No me tengo que arrepentir ni avergonzar. Fue un orgullo. Aprendí muchísimo y me quedo con la riqueza de la gente que conocí.

—¿Sería obligatorio pagar nóminas antes de ir a la política?

—Sería fundamental. Y más allá. Antes de la repetición de las elecciones pensaba: «¡Ay si a esta gente le pasara lo mismo que a los autónomos, que si no fabrico no facturo, no cobro y no como!» Cuando tienes tu nómina hagas o no hagas, hay menos responsabilidad.

—Pasó por Bayer, L’Oreal y por la empresa familiar, Mecanizados Rodríguez Fernández, en el sector de la carrocería. ¿Cuál fue el momento más complicado?

—La etapa más difícil fue la de la gestión de la crisis de Mecanizados, la más dura porque coincidió además con la muerte de mi padre... La más feliz fue la época de crecimiento: internacionalización, ampliaciones, creación de empleo...

—Desde hace poco coordina en Galicia la Comisión Nacional de Racionalización de Horarios. Mientras charlamos son casi las ocho de la tarde. ¿Qué tendríamos que estar haciendo?

—Hablando de nuestra vida o con los niños en un parque cubierto, muy iluminado y calefactado; tapadito, para poder estar aunque llueva. Porque los lugares tienen que estar adaptados a nuestra climatología. Queremos facilitar la conciliación, ir hacia una modificación de horarios. En España hemos heredado un sistema de cuando había pluriempleo en la época de Franco. La gente al terminar el primer trabajo comía. Y al terminar el segundo, cenaba. Se está contribuyendo a alargar innecesariamente el presentismo.

—¿Como jefa valora lo de calentar la silla?

—Valorar a la gente por las horas que está en un trabajo es absurdo. Somos mucho más productivos cuando encontramos un espacio para nosotros mismos y para nuestras aficiones. Otra cosa importante es que las cosas tienen que poder hacerse: un cambio puede parecer ideal pero si paraliza la actividad de la empresa, no sirve.

—Y hablando de horarios, ¿cómo empieza el día?

—Muy apurada, pero desde que hice un curso de mindfulness trato de parar cinco minutos para respirar y para pensar cuál es el principal objetivo del día.

—¿Le dedica tiempo a la televisión, al cine?

—Soy de Netflix y de HBO. Me gustan los documentales (me he visto todos los de Trump). Big Little Lies, La Casa de las Flores, Black Mirror pero, en este caso, solo los capítulos que mi hijo me recomienda. Es como ver dibujos animados. Te relaja la mente. Lo que sí me he prohibido es trabajar con el ordenador a partir de las ocho y media de la tarde.

—¿Dónde o cuándo notó discriminación por ser mujer?

—A mí me educaron igual que a mi hermano. Cuando salí al mundo real me di cuenta de que no era como en casa. Los peores temas de discriminación han sido más por ser madre que por ser mujer. Mi generación, aunque peleando mucho, ha logrado que las mujeres sean más visibles, que tengan cargos de responsabilidad. Pero hoy veo a gente joven con unos patrones de comportamiento tan hipermachistas, tan discriminatorios... eso es lo que me tiene horrorizada. No sé si es Internet, si son los videojuegos... Y hay chicas que lo ven hasta bien, porque creen que eso significa que las quieren mucho. También es verdad que el fanatismo feminista me saca de quicio. Seamos ecuánimes, tranquilos.

—Trabaja asesorando a directivos. ¿Cuáles son las características de un buen líder?

—Que sea humilde, que sepa preguntar, que sepa recibir críticas y que sepa ilusionar.

—En ese sentido, ¿qué jefes suyos fueron buenos líderes?

—He tenido suerte de tener muy buenos jefes. El primero fue Miguel de la Quadra Salcedo, cuando fui de monitora a Aventura 92. Tuve otro maravilloso en Bayer. Luego tuve a mi padre que te ilusionaba y te llenaba de curiosidad. Uno de mis mejores jefes fue Fraga, aunque el problema en política fue que en algún momento no sabía quién era mi jefe.

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