#EusondoOUFF


Ourense

Un festival de cine es mucho más que una declaración de amor al séptimo arte. También es más que la presentación de películas esperadísimas por el público cinéfilo. Es un altavoz para esas otras cuyo presupuesto es ínfimo y su calidad atronadora. Es un desfile de innovación, de riesgo y de juventud dentro del universo del cine que tantas veces fue acusado de estar plagado de culturetas y de sesudos. Por supuesto, un buen festival de cine también es moda; y música; y literatura; y, sin duda, exposiciones y arte, todo ello con un nexo común en torno al cine -posiblemente el origen temático con la mayor amplitud significativa que conozcamos, porque en las salas pasa de todo y todo es susceptible de ser contado, dentro y fuera de la pantalla-. Nos enorgullecemos del de Málaga, del de Sitges, del de Valladolid y, cómo no, del insuperable San Sebastián. Eso está bien. Está genial. Siempre y cuando no olvidemos prestar atención a otro que también se estudia en los másters de comunicación audiovisual a nivel nacional. Evidentemente me refiero al OUFF. Con veinticuatro años a sus espaldas, una situación de emergencia superada y un cartel -de: ¡Madre mía qué cartel!- a la altura de lo que es el Ourense Film Festival, un referente del cine gallego, cuanto menos. Este año vienen los giles de Borensztein con Darín padre y Darín hijo; la aclamada O que arde; la durísima Monos; el drama inmerso en La hija de un ladrón. También habrá presencia asiática gracias a la aclamada Parásitos del coreano Bong Joon-Ho, esto entre muchas otras. Por eso, por la calidad, por el trabajo sin descanso, por la pulcritud, por la pasión por el cine o por orgullo patrio, #eusondoOUFF. Y te animo a ti a serlo y a disfrutarlo en las salas y en la ciudad.

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