El tren que pasa


La inmensa obra que ha sido y es el AVE a Galicia ha dejado huellas no solo físicas sobre el territorio sino también en la economía de los pueblos del Macizo Central ourensano, territorio natural escasamente habitado y durante estos años revivido por los trabajadores de la alta velocidad. Lo recoge bien el reportaje de Pablo González en La Voz de Galicia: el revulsivo y la vida que ha dado a pueblos como Cercedelo o Vilar de Barrio la actividad de estos años, que tiene fecha de finalización, aunque sea sucesivamente prorrogada. Luego el tren pasará, los trabajadores se irán y ya se busca plan B para mantener la economía, bares de comidas y alquileres. El alcalde de A Gudiña aboga por más infraestructuras de conexión con la estación de esta localidad. Está bien pedir, pero veremos si después de lo que ha costado presupuestariamente esta obra, los gobiernos centrales apoyan esas ideas. No olvidemos que por mucho derecho que tengan, las comarcas del oriente ourensano y del norte de Portugal sufren mucha despoblación y será difícil convencer con cifras de posibles futuros usuarios. Y los partidos políticos periféricos y que sostienen tantas veces al gobierno en Madrid tirarán para lo suyo, que no serán los intereses gallegos ni ourensanos. Pero hay que insistir, todo suma. Detrás de un trabajador puede estar una familia completa que ayude a mantener la vitalidad de estos pueblos. El AVE ha supuesto un cambio para esos lugares, aunque haya sido temporal. Hacen bien los residentes en intentar no dejar que pase el tren, las oportunidades que han podido disfrutar durante estos años. Hay que coger el AVE como sea.

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