Quedarse o mudarse


Lo he dicho como broma varias veces (quizás demasiadas) durante los últimos meses: si estoy sigue así, es para mudarse. Me refiero a cambiar la ciudad por alguno de los otros 91 ayuntamiento de la provincia. Los deberes sin hacer -cada uno debería saber la responsabilidad que tuvo en ello- están convirtiendo a la capital en un lugar gris, paralizado, crispado y hasta sucio. Por eso ni la ciudad ni los ciudadanos se pueden permitir otros cuatro años de juegos políticos que los pongan en la picota. Porque estos días que los partidos se reúnen para buscar acuerdos, los que vivimos aquí pensamos ya en los acuerdos que permitan que nuestro entorno mejore y progrese. Si no, Ourense, esa ciudad tan cómoda y tan fácil para vivir, acabará convirtiéndose (en parte metafóricamente, en parte de manera literal) en el castillo de la Bella Durmiente en un momento muy determinado del cuento: cuando la princesa y los demás habitantes del palacio están dormidos, el polvo se acumula en los muebles y la maleza invade los jardines.

No está mal recordar que la ciudad la construimos los vecinos. A muchos de ellos también hay que ponerles tareas de recuperación sobre todo en materia cívica. Pero a los políticos, además, les van en el sueldo. Señores, no nos den motivos para mudarnos. Queremos quedarnos. Queremos vivir en Ourense.

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