Esto no es una pipa

El espectacular estilo de Miguel Piñeiro en el Espacio de Arte Roberto Verino


ourense

«Una copia es exactamente igual al original excepto en todo». Jean Cocteau.

El Espacio de Arte Roberto Verino acoge la muestra Still Life. A través de la pintura el artista Miguel Piñeiro nos transporta a la paradoja del instante cotidiano, al misterio fascinante del descubrirse cada día. Reconstruyendo unas escenografías tridimensionales ideadas como intervención espacial y posteriormente registradas fotográficamente para ser trasladadas al lienzo como una sublime revisión del género del bodegón y su vigencia en la contemporaneidad. Estrategia de vitalidad entre tradición y modernidad, mediante una mirada personal y un análisis dialéctico del trompe-l-oeil, artificio pictórico que intenta engañar la vista densificando el entorno real o simulado mediante la perspectiva y alteraciones de tamaño o de óptica, falseamiento de planos y ángulos de visión, sobredimensionando o alterando la imagen y consiguiendo una realidad intensificada o una sustitución de la realidad, homenaje a los trampantojos de gabinete que se popularizaron en el siglo XVII.

Piñeiro convierte en flâneur al espectador en busca del hallazgo de la sensación a través de la sugestiva intersección de los objetos cartografiados. Además de una depurada técnica magistral aporta el irresistible deseo del descubrimiento en el pálpito de una obra inclusiva. Una invocación de la memoria rasgada del subconsciente en las asociaciones que se establecen entre los objetos y una voluntad de establecer el juego conceptual a través de la palabra, invitando como Magritte a la reflexión mediante «la traición de las imágenes» como replanteamiento de conceptos e ideas, apariencia y realidad y el elemento psicológico derivado de estos efectos. Un efectismo que acentúa los conjuntos arbitrariamente constituidos con un impactante atractivo que subyace mediante el virtuoso realismo de los detalles de la escena para suscitar en el espectador la llamada de lo insólito rompiendo con los convencionalismos en la representación de la realidad e introduciendo el juego intelectual del lenguaje en el título. Construyendo un nuevo elemento surrealista que desconcierta y conmueve al espectador y convirtiendo esos bodegones anárquicos en sólidos escenarios que remiten a la intrahistoria del artista.

Con la composición de estos magníficos bodegones actualiza la percepción del género como estilo tradicional con un impacto vitalista de modernidad. Aproximaciones al Pop Art y al mundo del diseño mediante una coreografía de objetos que conecta el valor de los mismos como vehículos instalados en los cajones de la memoria del subconsciente. De la naturaleza muerta al Still Life de Piñeiro, constitución de un diario de vida. Paradoja tras la que representa una serie de objetos cotidianos convertidos en icono. Sobredimensionando la aparente medianía de las cosas realizadas en serie y desplegando la narración desde un vocabulario expresivo en todas sus alteridades con un arte de lo cotidiano bajo el carácter aurático de una nueva identidad como artefacto al neutralizar su valor útil. La sublime captación de lo psicológico particulariza la plástica del artista asimilando el tema del bodegón como si de un retrato se tratase con un magnífico dominio del claroscuro y el hiperrealismo, comparable con Clara Peteers, Goings y Audrey Flack.

«Uno» es un homenaje al primer año de vida de su hijo con connotaciones intelectuales y afectivas en el retrato protagonista así como un magistral dominio del color y sus efectos, reflejos y brillos explorados en los materiales representados; las calidades y texturas de la vela remiten a las formas pegajosas del famoso artista Neopop Jeff Koons , también protagonista de la obra Koons Tulips.

La elegancia del diseño se conjuga en «Nº 3», la botella de licor café de Gargalo de la bodega del egregio diseñador Roberto Verino que da nombre al espacio expositivo. En «The Velvet Banana» referencia a la Velvet Underground que iconografíó Warholl a través del plátano, fruta que paradójicamente se utiliza para comprobar los niveles de profundidad de la aguja de la máquina de tatuar. Guiños a la infancia mediante elementos apropiados que conectan empáticamente a ambos actores a través de la epidermis del recuerdo y de la propia identidad cultural de un pasado común. Heterotopías que alteran nuestra percepción de la realidad recreando la no-realidad de un no-lugar que resiste al tiempo aferrado en el álbum de la memoria. La persistencia emocional del cálido recuerdo a través de un discurso de caligrafía autobiográfica generacional.

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