Más allá del nihilismo

La nada de Miguel Auria se expone en el Espacio de Arte Roberto Verino


ourense

El Espacio de Arte Roberto Verino presenta Ni.hil un alegato a lo efímero, al paisaje fugaz y a la vida como elemento transitorio. Nada es eterno. Alegoría en blanco y negro del Tempus Fugit de las Geórgicas de Virgilio, vibración, instante, trepidación.

Experiencia fotográfica de un relato interventivo no narrativo. Miguel Auria presenta una colección de imágenes en blanco y negro que sugieren en el paisaje vacío cierta sensación de apnea.

Mareo provocado por el vértigo de la ausencia. Desazón o angustia de una nada que se expande y en la estafa del tiempo que como narraba Michael Ende en Momo nos quieren arrebatar los hombres grises. El terror a la nada, a no perpetuarse, la condena a la memoria (damnatio memoriae) el temor de borrar el recuerdo, de no haber existido nunca.

Existencialismo en el vértice del ser enfrentado al paisaje. Soledad y una angustia vertiginosa y romántica de escenarios aislados, distantes alejados de presencia humana y sin embargo, tan trascendentes como efímeros. De lo sublime helado de Friedrich a la inquietud de Dickens. Conciencia inconformista del ser humano.

El nihilismo es una corriente filosófica que toma como base la negación del sentido de la vida. Nihilismo es aceptar la nada, el escaso valor de la existencia, su carácter efímero. Para Nietzsche, considerado nihilista, hay que enterrar miedos y convicciones y desvincularse de Dios o de cualquier agente trascendente no vinculado al plano terrenal. Matar a Dios. Seres fríos, uróboros, condenados al eterno retorno sin memoria, a repetir siempre lo mismo. Alienados, desubicados y perdidos en la inmensidad del vacío de lo efímero.

Son doce la colección de fotografías que presenta a través de un original montaje en la uniformidad de sus tamaños insertados sobre una ampliación de gran formato que juega con la dicromía del blanco y negro y su dialéctica asertiva. En la escala de grises marca el efecto borrado de huellas humanas y en la niebla la deslocalización del paisaje, viaje o trayecto. Espacios efímeros para un tránsito ineludible. Vítreos o empañados, lugares y no lugares cargados de silencio, de ausencias.

Miguel Auria, finalista 2018 del premio Galicia de fotografía contemporánea, interviene la sala del expositivo Espacio de Arte Roberto Verino, dialogando con el lugar interior e independiente de cada fotografía como célula y el espacio exterior que lo envuelve y circunda y con los interespacios que rellena el espectador con los huecos de la memoria, ausencias e interrogantes que se transforman en desgarros y vértigo. Distante homogeneidad austera y monocroma, eliminando ficción y anécdota en un juego visual de carácter intelectual.

«¿Dónde estamos cuando decimos que estamos en el mundo?», formulaba Heidegger. Para Sloterdijk construimos microesferas, relaciones ontológicas o consecución del espacio íntimo y macroesferas, estructuras políticas que adoptan la forma de naciones o Estados. Una revisión de la filosofía invirtiendo el tiempo por el espacio.

Las instantáneas de Miguel Auria sugieren una transcolonización, un desenraizamiento existencial. Nómadas diletantes frente a un paisaje insólito y desconocido del que solo se intuye entre las brumas su carácter ignoto. Un itinerario sin objetivos, sin meta ni destino. Una búsqueda de la identidad desde el existencialismo. Hábitat disperso. Inhóspito lugar de paso de arquitectura fósil. Resistencia íntima. El vacío se hace más pesado que el aire tornándose agorafóbico. Ansiedad que se expresa en contextos geológicos, ciclos y procesos de la naturaleza. Atesorar el instante que se vive. Congelar el suspiro del tiempo. Asumir en lo efímero el sentido vital. El instante se burla como una mueca de la velocidad congelada.

El fotógrafo Miguel Auria presenta un viaje atípico, un recorrido por parajes insólitos escondidos tras un sfumato gradual en el efecto ingrávido y vaporoso de contornos imprecisos y una sensación de distancia como la memoria de un recuerdo o dejavú y la lejanía o profundidad propia de la perspectiva aérea.

Paisajes enigmáticos y atmosféricos, dramatismo en la luz difuminada y multifocal y línea de horizonte media y baja con profunda plasticidad en los valores cromáticos. Imágenes sin contorno, retratos fuera de foco, opacos, difuminados e imprecisos que remiten al gran Vari Caramés y Ackerman en la trepidación lumínica y el efecto empañado y a Fokos en la expresión del tiempo a través de sus paisajes sobrios, los vacíos plásticos de Kiemmerle.

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