Son casi noventa los muertos que desde enero se han cobrado las carreteras gallegas. Después de años en los que este problema parecía haberse controlado y las cifras acumulaban descensos paulatinos, la siniestralidad vial vuelve a repuntar y nos encontramos con noticias casi diarias que hablan de uno o varios muertos.
La pregunta, ahora, es qué hacer para frenar esto, y ya están sobre la mesa varias propuestas. Colocar más radares en las carreteras, para persuadir a los conductores que sientan el impulso de pisar demasiado a fondo el acelerador, es la que de momento parece gustar a Tráfico, que nos recuerda que la velocidad es una de las principales causas de las muertes en carretera.
Hay otras voces, además, que ponen el acento en la antigüedad del parque móvil. La presencia de coches con más de diez años de uso en las carreteras es para las empresas del sector del automóvil uno de los factores del incremento de la siniestralidad y, para combatirla, animan al consumidor a cambiar de coche.
Así que las soluciones para frenar las muertes en carretera, aunque cargadas de buenas intenciones, esconden una misma realidad: la de que alguien va a ganar dinero, o más dinero, gracias a ellas.
Pero, ¿qué hay de invertir? Quizás no estaría mal hablar del gasto que necesitan con urgencia muchas carreteras y autovías, en las que hace ya muchos años que solo se tapan baches. Si es que se tapan. Y no nos olvidemos de la educación. Dedicar mucho más dinero público a formar a los actuales y futuros conductores no parece descabellado viendo lo que vemos.