La ORA


Admito que la ORA es un mal necesario. Suprimirla, como por cierto prometió el Partido Popular en plena carrera electoral de Rosendo Fernández en el año 2011, creo que generaría un caos de aparcamiento en el centro de la ciudad. Muchos conductores aprovecharían esa carta blanca para dejar su coche aparcado durante días en plazas que están demasiado codiciadas. Sin embargo, ya que los ourensanos tenemos que pasar por el aro y acudir a las dichosas máquinas azules para pagar por aparcar, al menos el servicio podría estar más actualizado y ser más eficiente. Difícil va a ser conseguir ese objetivo mientras la concesión se mantenga en precario. Hace ya un año que caducó el contrato con una filial de Vendex y el nuevo pliego se hace de rogar. Siendo generosos, la cosa va para al menos otro año más. Es decir, que los penitentes tendrán que seguir tratando con máquinas que no dan cambio y que te obligan a introducir en la máquina cantidades nunca redondas. Tendrán, también, que seguir resignándose a no poder pagar con dispositivos móviles como ya se hace en otras ciudades o tener otras mejoras que, a buen seguro, aportará la empresa que se lleve la codiciada concesión. En lo que no se nota que la adjudicación está en precario es a la hora de poner multas. Por experiencia propia les puedo contar la diligencia con que me tramitaron una sanción recientemente. Por pasarme en poco más de media hora -y tras haber gastado más de tres euros ese día- me tuve que resignar a hacer frente a una receta de 60 euros. En menos de quince días la multa estaba en mi buzón. Ahí sí que estamos a la última, con fotito y todo.

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