Precursora en la impresión en 3D

Una ourensana que se dedica a este sector planea abrir un FabLab en la ciudad

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Ana Gómez nogueira // fundadora de Masque 3D Ana Gómez nogueira // fundadora de Masque 3D

ourense / la voz

«El término FabLab se acuñó en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés) y hace referencia a un mismo espacio que sirve como fábrica y laboratorio», cuenta Ana Gómez (Ourense, 1977). Ella -que estudió arquitectura de interiores y asegura haber sido la primera mujer en la provincia en dedicarse profesionalmente a esta tecnología- está intentando poner en marcha el primer FabLab en la ciudad.

Se tropezó con las impresoras 3D en el año 2002, cuando todavía no estaban al alcance de cualquiera, y sintió fascinación desde el minuto uno. Fue en Portugal, mientras estudiaba y trabajaba para la empresa que estaba construyendo el Estadio de la Luz del Benfica, en la capital lusa. «A partir de 2009 se liberó una patente y empezaron a aflorar las noticias y las oportunidades en este mercado, aunque yo no compré mi primera impresora hasta el 2012 cuando monté Masque3D», resume tímidamente entre sorbo y sorbo de té.

«Ahora existen 48 FabLabs en España y en Ourense todavía no hay ninguno porque La Molinera no quiso considerarse como tal, aunque podría hacerlo, y se quedó en centro tecnológico. Además, las facilidades para montar uno se amplían poco a poco puesto que antes había que pagar un canon y ahora no es necesario y casi todos están vinculados a universidades o ayuntamientos», aclara.

Por otro lado, están estipulados una serie de requisitos, en cuanto a la maquinaria de la que debe disponer, para que un estudio pueda considerarse como FabLab. Se requiere contar de una impresora 3D, una cortadora láser, una cortadora de vinilo y una fresadora, entre otras cosas. Para conseguir su objetivo le faltan la cortadora láser, adaptar el estudio para que los gases que emite puedan ser expulsados al exterior y acondicionar un aislamiento para la fresadora. «La inversión económica total rondaría los 30.000 euros, o algo más», calcula. Y apuesta sin miedo por ello porque, en los cinco años que lleva trabajando en el sector, dice haber notado un aumento considerable de clientes de forma paulatina. Hasta el Gobierno autonómico está dotando a los centros escolares con impresoras de este tipo que permiten a los alumnos trabajar dos contenidos diferentes al mismo tiempo. «Hay profesores que imprimen y enseñan a los niños a imprimir el material con el que luego trabajar el teorema de Pitágoras o países a modo de piezas de puzzle para aprender jugando», explica mientras enseña algunos ejemplos que guarda en su estudio.

Por el momento reconoce que dedicarse a lo que le gusta no le permite obtener los ingresos necesarios para vivir holgadamente y lo compagina con la formación. «Doy cursos a gente que no sabe cómo proyectar piezas para imprimir, pero también a personas que tienen necesidades concretas y que ya manejan programas de diseño. A veces también me llaman de algún colegio para difundir conocimientos, más desde que en muchos ya tienen implantada la asignatura extraescolar de robótica. Aunque también ofrezco un servicio de impresión o asesoramiento a negocios que quieren hacerse con alguna máquina», explica sobre su modo de vida. Y es que es más que un trabajo. Es un no parar si se tiene en cuenta que para resolver las dudas de sus alumnos -que son tan dispares como un luthier o una estudiante de joyería- asiste a cursos y se documenta en Internet. «Ahí está todo», afirma riéndose sobre las posibilidades que la Red ha puesto al alcance de gran parte de la población.

Existen estudios cuyos resultados muestran que los FabLabs serán los centros sociales del futuro. «En la ciudad de Barcelona ya hay cinco colocados estratégicamente por distritos y barrios», explica la ourensana sobre el crecimiento exponencial de estos espacios en los últimos años. «Se trata de que el consumidor pueda ser productor también. Es un nuevo modelo de negocio porque además después se pueden vender los diseños para que los usen otras personas que necesiten lo mismo. Además actualmente ya se imprime con todo tipo de materiales, incluido el vidrio», destaca. Aunque lo que le gustaría, confiesa al final de la entrevista, sería orientarse a la fabricación de muebles y carpintería.

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