El voluntariado tiene rostro de mujer

Miles de ourensanos ayudan en su tiempo libre a asociaciones y colectivos sociales

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ourense / la voz

Algunos aún están estudiando; otros hace tiempo que se jubilaron, pero todos tienen algo en común: saben encontrar tiempo libre para dedicarlo a ayudar a otros a través de entidades benéficas, asistenciales, asociaciones de enfermos, colectivos medioambientales o de seguridad ciudadana. Son los voluntarios, los ourensanos más solidarios que hacen posible el funcionamiento de todas esas entidades sociales. Aunque no hay un registro conjunto que certifique cuántas personas hay en total repartidas por toda la provincia ocupándose de las más diversas labores -desde acoger a niños a acompañar a ancianos, pasando por organizar actividades lúdicas, limpiar ríos o recoger alimentos, por poner solo algunos ejemplos- se cuentan por miles.

Solo Cruz Roja tiene registrados más de 4.000, y aunque muchos se movilizan solo para ocasiones muy especiales, el funcionamiento diario de la entidad depende de la implicación de 1. 400 personas. Algo similar ocurre en el resto de entidades, como Cáritas, que es otra de las de mayor número de colaboradores repartidos en el territorio ourensano. El Banco de Alimentos, por ejemplo, dispone de media docena que prácticamente están a tiempo completo en las labores cotidianas, a los que se suman otra docena de apoyo para el funcionamiento ordinario, pero cuando llegan campañas como la de la Gran Recogida es capaz de movilizar a varios cientos en toda la provincia. Aodem dispone de una veintena que ayudan en fechas especiales aunque en el día a día se implican ocho.

Lo que sí se sabe es que el voluntariado ourensano tiene fundamentalmente rostro femenino. Ellas son mayoría en prácticamente todos los colectivos y entidades, ya sean de tipo asistencial y benéfico, como incluso en las que trabajan en otros ámbitos como el de la animación sociocultural o en las de tipo medioambiental. Y también ganan en prácticamente todos los segmentos de edad.

Por lo demás, el perfil del voluntariado ourensano es de lo más variado en todos los sentidos, desde el de la edad al sector profesional al que se dedican o dedicaron su vida. Desde las entidades a las que ayudan aseguran que

Motivaciones diferentes

Las razones que mueven a los ourensanos a dedicar tiempo al voluntariado son muy diversas. Algunos buscaban un modo de ocupar su tiempo libre tras haberse jubilado o cuando, criados los hijos, descubrieron que ya podían dedicarse a una tarea que les atraía pero para la que no encontraban hueco. Otros se iniciaron desde muy jóvenes o siendo beneficiaros de estas entidades y animándose después a seguir vinculados. Otros se unieron en los años más duros de la crisis, por poner un grano de arena ante la necesidad creciente y la falta de recursos de las entidades que prestaban ayuda.

Algunos también se movilizan ante situaciones de emergencia concretas. La última oleada de incendios, por ejemplo, se ha dejado notar en los colectivos medioambientales. «Agora estamos traballando moito en tarefas de voluntariado forestal, de recuperación de zonas incendiadas para evitar a erosión. Estamos movendo grupos de entre trinta e corenta persoas», explica Anxo Dorrío, de Amigos da Terra. El colectivo ecologista cuenta con una veintena de voluntarios para su labor ordinaria «pero a raíz dos incendios abrimos un formulario en Internet, apuntáronse de toda Galicia e xa temos unha base de datos con máis de 800. Xa nos pasou cando o do Prestige. A xente sensibilízase máis», añade.

«Ayudas a otros, pero esa satisfacción que sientes casi te beneficia más a ti»

Hace tres años que decidió acercarse a Cruz Roja. Comenzó dando clases de español a personas inmigrantes y ahora reparte su tiempo entre el programa de primera acogida, donde se recibe a los que llegan por primera vez a la entidad y se valoran sus necesidades antes de derivarlos a otros programas, y la recepción.

-¿Qué significa para usted ser voluntaria?

-Yo creo que es algo muy especial. Se lo aconsejo a todo el mundo. Es algo muy enriquecedor. Tú ayudas a otros, es cierto, pero te sientes genial, tanto que yo creo que esa satisfacción que tienes casi te beneficia más a ti misma.

-¿Cuánto tiempo le dedica?

-Yo voy dos días fijos a la semana. Esos días estoy desde las diez de la mañana a las tres de la tarde. Y aparte de eso, si me necesitan alguna vez para cuestiones puntuales o campañas especiales como, me llaman.

-¿Se ha arrepentido alguna vez?

-En absoluto. De hecho me ha ayudado a reorganizar mi vida después de quedarme viuda.

«Aún hay quien cree que cobramos o que estamos aquí por lucir un uniforme»

Tiene 23 años y está estudiando el ciclo medio de Emergencias sanitarias. Lleva tres años formando parte del equipo de voluntarios de Protección Civil en Ourense.

-¿Qué le animó a decidirse?

-Me pareció una buena idea para completar mi formación y los conocimientos que nos dan en clase con una labor práctica. Aquí hacemos cosas muy variadas, tienes cursos muy interesantes y gratuitos e incluso hacemos simulacros con los bomberos relacionados con incendios, atentados... Con el paso del tiempo te vas enganchando y aunque no estás obligada y vas cuando tienes tiempo libre, la verdad es que te apetece cada vez más. Yo por ejemplo, como estoy estudiando, solo puedo ir los sábados por la mañana o los domingos.

-¿Cree que están bien valorados?

-Yo creo que la mayoría de la gente nos valora a pesar de que aún hay quien cree que cobramos o que estamos ahí por lucir un uniforme. Nada más lejos de la realidad. A mí lo que más me satisface es cuando la gente te sonríe.

«No importa la edad ni la fuerza; para esto lo que cuenta es tener voluntad»

Lleva 14 años en la asociación de Esclerosis Múltiple, ELA, Párkinson y otras enfermedades neurodegenerativas. Es una de las más veteranas en las rutas del transporte adaptado. Su tarea consiste en ayudar a los pacientes que van al centro de rehabilitación en Aixiña y guiarlos por el edificio.

-¿Qué le llevó a esta asociación?

-Escuché una entrevista en una emisora de radio y decían que necesitaban voluntarias. Justo acababa de fallecer mi marido y me decidí a ir. Empecé por las tardes y luego me pidieron que me cambiase a las mañanas. Vengo dos días a la semana.

-¿Piensa seguir?

-Desde luego. Mientras pueda voy a continuar. Me siento bien ayudando. Yo estoy feliz; para esto no importa la edad ni la fuerza; lo que vale es la voluntad. Y quiero seguir, si puedo, hasta que me muera. De momento voy para 82 años y mi médico me dice que las hay de 50 con peor salud, así que estoy encantada con lo que hago y no tengo intención ni de pasar a otra tarea más suave ni nada por el estilo.

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