Bella Cámara


Cuando la Cámara de Comercio estaba agonizando -llevaba ya bastante tiempo conectada a dispositivos que la mantenían con vida artificialmente- muchos ofrecían su ayuda para que pudiera remontar y sobrevivir. Pero, qué curioso, en realidad, aunque decían que le iban a tender la mano la escena se parecía más a una de esas de las pelis en las que el malo coge una almohada para adentrarse en la habitación del hospital donde su peor enemigo está en las últimas. Se celebraban reuniones y se hacían declaraciones para mostrar la voluntad de colaborar pero todo era -como tantas cosas en el territorio ficticio de Ourenseland- humo.

La Confederación de Empresarios tendió la mano y la Diputación de Ourense tendió la subvención... para después ponerse a organizar misiones internacionales para impulsar las exportaciones de las empresas de la provincia, un campo en el que precisamente la Cámara tenía experiencia, especialización, recursos y casos de éxito contrastados a lo largo de los años.

La Cámara, mientras tanto, parecía una suerte de Bella Durmiente, parada en el tiempo. No digo que no se hayan tomado medidas, que no se haya afrontado el problema pero el golpe en la mesa no puede ser el de ahora, señalando a Santiago de Compostela, sino que se tenía que haber ido sucediendo en el tiempo y mirando directamente a los ojos a los empresarios y a los de los cantos de sirena que acabaron siendo mentira.

La Cámara tenía que haber hecho autocrítica antes de pedir que vinieran por favor a rescatarla -otra vez la princesa de cuento pendiente del príncipe; y ya no son tiempos para esas historias Disney- y no quedarse anclada en el tiempo y en el victimismo.

La duda, con el cartel de cerrado casi colgado de su puerta, es qué es lo siguiente que nos vamos a cargar.

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