No hace falta ser un héroe


Es probable que Manolo, el hombre que buscando en la basura se encontró un tesoro, no sea un héroe. Y eso no le resta mérito en una sociedad que empieza a acostumbrarse a mirar hacia otro lado cuando ve cosas feas. La casualidad, primero, y la voluntad, después, lo convirtieron en el salvador de un niño que con solo unas horas de vida se hizo un superviviente. Y por eso, aunque no sea un héroe, se merece el reconocimiento de haber sido protagonista de un milagro. Pero resulta que Manolo ha tenido sus más y sus menos (como todos), viste chándal y se busca la vida en los contenedores... Si hubiese sido otro, a estas alturas, ya lo habrían recibido en dos o tres de despachos con sofás tapizados y ya se habrían hecho selfies con él. Porque en un tiempo y en un lugar en los que enseguida ponemos etiquetas de héroes (incluso a quien no lo merece), decimos que estuvimos allí (o cerca) cuando pasa algo malo o nos hacemos fotos buscando nuestro minuto de gloria no nos gusta oler la basura. Los vecinos de Manolo sí le aplauden estos días. También quienes dieron luz al bebé junto a él. Poco más. En el país en el que piden que se publiquen fotos de gatitos cuando ocurre una tragedia no nos gusta poner un indigente en nuestra vida... aunque haya salvado la de un bebé.

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