Estamos en plena Semana Europea de la Movilidad, que como saben es una campaña dirigida a sensibilizar a los ciudadanos en cuanto al uso del transporte público o la bicicleta, animando a las ciudades europeas a que promuevan estos modos de transporte y a que inviertan en las nuevas infraestructuras necesarias para esto.
No hay duda de que resulta necesario llevar a cabo acciones para pacificar el tráfico en el casco urbano e integrar la presencia de las bicis, mejorando además las posibilidades de los peatones para disfrutar de su propio espacio, pero no sé si peatonalizar dos calles durante siete días es medida suficiente para conseguirlo. Sobre todo, porque a pocos metros de esas dos calles, y mientras los ciclistas y peatones disfrutan de un espacio sin coches, los conductores colapsan los accesos a los colegios de la capital, estacionando sus vehículos en medio de la calle, sin preocuparles si su conducta perjudica a los demás.
Nos falta, desde luego, mucha concienciación, pero también seguramente es posible que necesitemos cierto «empuje» para aprender a respetar las normas de circulación, y de aparcamiento. No es lógico que una ciudad se colapse, en varios puntos a la vez porque los padres se empeñan en llevar en coche a sus hijos al colegio (llueva o no), teniendo además la imperiosa necesidad de aparcar en la misma puerta del centro educativo. Controlar y limitar ese tipo de actitudes también es promover la movilidad en las ciudades, al igual que, por ejemplo, crear carriles para que los ciclistas no corran peligro cada vez que deciden hacer uso de sus vehículos.