Del 21 de junio al 22 de septiembre. Eso es, en esta parte del globo terráqueo en el que nos ha tocado vivir, el verano. Y ¿qué significa eso, queridos niños y niñas? Pues que hay más horas de luz debido a que el movimiento de la tierra, y su posición con respecto al sol, provoca que entre esas fechas los rayos solares incidan de forma más directa y durante más tiempo en el hemisferio norte, en el que nos encontramos y, por ello sube la temperatura. Sí, niños y niñas, verano es sinónimo de calor y eso, siguiendo con la geografía, implica que los que vivimos en la zona norte de la piel de toro y no tenemos demasiados días para colocarnos el bañador y disfrutar de chapuzones en piscinas y playas (aquí, fluviales, claro) queremos aprovechar ese período de tres meses para disfrutar de tal placer. Pero resulta que eso casi nunca es posible. ¿Por qué? Pues porque hay otros niños que no han aprendido en el colegio esa sencilla lección y, aunque el verano llega todos los años, ellos no lo saben. ¿Y qué?, diréis vosotros. Peor para ellos. Pues no. Resulta que precisamente esos niños poco aplicados -curiosidades de la vida- están en una cosa que se llama política y mandan mucho. Mandan sobre cosas que nos afectan directamente. Entre otras, de ellos depende contratar a los socorristas para que velen por la seguridad de nuestras zonas de baño; pero como no se saben la lección, cuando llega el verano siempre, siempre, les pilla desprevenidos. Pasa entonces que, entre que buscan y encuentran, colocan señales de prohibido el baño. Y así hasta mediados de agosto. O hasta finales. Total que nos dejan los tres meses de baño veraniego, reducidos a uno.