La larga resaca


Los últimos datos del Ministerio de Empleo siguen dando la razón a quienes, en los albores de la crisis, vaticinaban que Ourense soportaría sus efectos durante más tiempo que el resto. Eran aquellos tiempos en los que el territorio ourensano parecía vivir en una burbuja. Ni siquiera en la ciudad, donde se concentra la mayor parte de la población en edad productiva, se veían las largas colas de parados frente a las oficinas de empleo o el comedor social, ni había problemas de ocupación en la ya de por sí reducida capacidad del albergue de transeúntes. Eran escenas que llenaban entonces las pantallas de televisión y las páginas de los periódicos. «La crisis llegará más tarde, pero llegará y nos costará mucho más salir de ella». Esa era la sentencia premonitoria que hacían desde entidades como Cruz Roja o Cáritas. No eran economistas, sino personas curtidas en la dura realidad de la provincia. Argumentaban que la huerta del pueblo y las pensiones de los abuelos estaban ejerciendo de dique de contención en la marea del derrumbe económico de las familias que iban cayendo en el desempleo, gracias a que esa caída se producía al ritmo de goteo lento originado por la particular estructura económica provincial: con pequeñas empresas que, en caso de cierre, no producían mareas de parados. Pero esa misma realidad, la falta de un tejido industrial potente y de atractivo para la instalación de nuevos proyectos emergentes, dejarían a Ourense atrás cuando la recuperación empezase a llegar. Así está siendo. Los últimos datos, los de junio, colocan a la provincia a la cola de Galicia en cuanto a contratos firmados. Y el el 92% fueron temporales.

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